30 diciembre 2007
Mi Convivencia Con un Asesino

“Pensé que todo tenía que terminar mal”
Luís Gomes Gil


El grito mudo de las cuerdas y de los amarres, dio inicio a mi viaje, estaba rumbo a seis meses de aburridas complicaciones, mi falta de ánimo se estancaba igual que el agua en cubierta, recorrí los pasillos con ecos de voces distintas. El camarote donde tenia que estar era compartido, cuando llegue una maleta negra ocupaba una cama, la otra estaba lista para que mi cuerpo se estirada entre sabanas blancas y limpias, en minutos la puerta se abrió y un joven de tal vez unos 2... tantos años entrara y se presentara. Su nombre tan común como sus ropas, pasaron sin ningún interés para mi persona.

Al instante de su entrada un grito por el pasillo se hizo escuchar, la voz repetía “una mujer muerta…una mujer muerta” y decidimos ver que pasaba. Al llegar a la cubierta, entre la multitud de pasajeros se podía observar el cuerpo de una linda joven con sus ropas finas bañadas en sangre con un cuchillo en su mano y una nota en la otra, la nota repetía la palabra “muerte”, luego del incidente regresamos asombrados, y mi conversación respecto a lo sucedido me la reserve, mi compañero no mencionaba nada.

El atardecer llego y la mar se escuchaba placida, esa misma noche encontraron a un viejo degollado en uno de los baños, la tripulación y los pasajeros alarmados decidieron volver, y resolver lo que sucedía, una reunión se dio, empezaron las preguntas, luego de los interrogatorios cada quien retorno a sus camarotes sabiendo que el otro día regresábamos al Puerto de la Isla de M… en el continente africano.

Marche al camarote y mi compañero no llegaba, me mantuve despierto y la vela encendida hasta que el sueño me liquido, escuche unos ruidos y abrí los ojos, el estaba todo mojado y escribía algo, era extraño y sentía curiosidad por saber que era. Luego de un rato partió. En ese segundo resolví saciar mi curiosidad.

Cuando estuve solo decidí abrir su diario eran las 2:30 AM, la puerta estaba cerrada, mientras leía las paginas, la vela se apago y de repente sentí un dolor de cabeza, lo ultimo que recuerdo fueron sus ojos claros sobre mi cara. Cuando desperté estaba bañado en sangre cerca de cinco cuerpos y rodeados de un centenar de personas con ganas de acabar conmigo.

Carlos Acuña
En mi nombre residía el asesino

“Una parte de mi entendía todo,
otra parte ejecutaba las masacres”
Charles Manson


En el ultimo suspiro estire a la muerte y esta llego justo a su estomago, su sangre corría por mi muñeca, era caliente, no sentí compasión y otra vez alcance a introducirle el cuchillo. Pensé en diez puñaladas y acerté con la cabeza que fuera de esa forma, impuse mi volunta y mi mano obedeciéndome me lanzo hacia los brazos del asesino del cual mi nombre era el mismo.

Mi terror alcanzo lo más alto y estuve pensando junto al cuerpo por algunos minutos hasta que la alarma del tiempo me detuvo en mi laguna y me lanzo la realidad en frente de la cara. Sin querer era yo en el espejo del frío cuarto, era el mismo con las manos manchadas, el mismo que sin piedad extinguió la existencia del minúsculo ser que yacía en el suelo.

Entendiendo todo, en minutos levante lo tirado y me dispuse a perderme en mi solitario apellido, para arrancar hacia donde mi conciencia decía que fuera, en ese segundo de placidez el viento recorrió mi cara y recordaba los gritos, la angustia, el perdón y otras tantas cosas que no me importaron en tal manera que no las tome en cuenta, para que ellas mismas me indicaran el camino hacia la extirpación y la eliminación de ese que quedo a un lado del hueco no hecho.

Al llegar donde quería, otra arma decidía lo que le restaba de vida a la actriz del momento, sus cabellos regados por las sabanas me decían que la pelea fue secuencial, y allí, encontré lo que realmente debía hacer, atine que su cabeza se partiera como la nuez que ensangrentada había roto con el mismo mazo. Le quite un lazo del pelo y cerré la puerta para emprender mi travesía hacia la estancia donde mi mente quería estar.

No entendía como podía llegar justo a los lugares cuando el asesino hacia lo suyo, mi cerebro se dividía en dos y caducaba en responderme a tantas preguntas. Más sentía que mi nombre era el mismo que el del homicida.

Los asesinatos se reducían a formas simples de ejecución, mientras que mi vida propia quedaba desechada igual que la pistola que dispare a la cabeza del conserje del hotel donde la noche anterior mi cuerpo decidió estar. El cajón de la recepción me previo de todo lo necesario para que la oscura sombra entrara en acción en ese mismo instante, el recepcionista murió en cuestión de segundos con los sólidos batazos que le propine, más no me detuve y seguí hasta que el principio del fin llego.

Descanse un poco y quise parar pero no obedecí y mi sed seguía en aumento. Las siguientes circunstancias no entraron en la bitácora criminal que escribía mi nombre.

Cuando recorría todo eso, desperté en una celda. Estaba en una prisión de máxima seguridad…Y así, mi realidad despertó justo cuando mi sueño iniciaba.


Carlos Acuña
El Día De Mi Suicidio

“Dime por qué, mala hora,con miedo inútil te mezclas”
Wislawa Szymborska


Hoy me suicidare, mi habitación en el piso 45 se reduce a una sola visión, la cuerda colgada indica el sitio y el fin de cada paso que transita sin ser visto, más que por mi estupida condición de sobreviviente. Dos muertes y dos vidas, hacen que mi decisión sea impostergable. Hacen que mi medida sea la única, y hacen de mi muerte la respuesta para el problema.

Dejo en mi diario lo ocurrido, para que el incidente no sea olvidado, deje asentado en la pagina 116, el día que acabe con la existencia de mis perseguidores, los cuales fueron en general, asesinados individualmente a diferencia de dos, que tuve que liquidarlos cuando estaban juntos, cada muerte la fui detallando y escribiendo de tal forma que una no se parece a la otra con la excepción ya dicha.

El porque de mi persecución nunca me quedo claro, y analizándola de una forma lógica, empiezo a creer que nunca podré saberlo, cada pista fue borrada, y cada testigo aniquilado.

Hoy mi ojo tiene la peste de diciembre, y el día llora por mi despedida, las gotas rozan las ventanas, y los autos empiezan su recorrido habitual, las luces encienden y apagan la cima de anhelo que con poca esperanza el suspiro me regala.

Son las 03:00 AM y las noticias dan a conocer cuerpos descuartizados en medio de la plaza principal de la ciudad de la extrañeza, Kafka sin terminar de leer en la sala pequeña, el té helado en la mesa, y el cansado lápiz junto con las 117 hojas de mi diario.

Todo el recorrido de mi cruda realidad se atenúa con mis sueños de escritor, y sin parar acomodo la silla debajo de la cuerda, si de alguna forma me da miedo y quiero retroceder, no tendré tiempo suficiente para desactivar la bomba de reloj que dejo junto a la cocina.

Imagino el dolor y tiemblo al pensar que seria inútil mi vida sin las muertes causadas a mí alrededor, sin embargo rió al saber que la explosión luego de mi fallecimiento extirpara de la tierra a toda una multitud que festejan su graduación en el piso 46, y a una pareja de hombres que con vestidos caros presumen de mujeres junto al espejo en el piso 44.

Doy mis pasos finales y mi última mirada se refleja en el piso, subo a la silla y estiro mi cuerpo poniendo la soga en mi cuello, sabiendo que en este acto soy mi único espectador.

Hoy un salto acabara con mi ser, y medito todo lo anterior sólo por calmarme y saltar.

Carlos Acuña