30 diciembre 2007
El Día De Mi Suicidio

“Dime por qué, mala hora,con miedo inútil te mezclas”
Wislawa Szymborska


Hoy me suicidare, mi habitación en el piso 45 se reduce a una sola visión, la cuerda colgada indica el sitio y el fin de cada paso que transita sin ser visto, más que por mi estupida condición de sobreviviente. Dos muertes y dos vidas, hacen que mi decisión sea impostergable. Hacen que mi medida sea la única, y hacen de mi muerte la respuesta para el problema.

Dejo en mi diario lo ocurrido, para que el incidente no sea olvidado, deje asentado en la pagina 116, el día que acabe con la existencia de mis perseguidores, los cuales fueron en general, asesinados individualmente a diferencia de dos, que tuve que liquidarlos cuando estaban juntos, cada muerte la fui detallando y escribiendo de tal forma que una no se parece a la otra con la excepción ya dicha.

El porque de mi persecución nunca me quedo claro, y analizándola de una forma lógica, empiezo a creer que nunca podré saberlo, cada pista fue borrada, y cada testigo aniquilado.

Hoy mi ojo tiene la peste de diciembre, y el día llora por mi despedida, las gotas rozan las ventanas, y los autos empiezan su recorrido habitual, las luces encienden y apagan la cima de anhelo que con poca esperanza el suspiro me regala.

Son las 03:00 AM y las noticias dan a conocer cuerpos descuartizados en medio de la plaza principal de la ciudad de la extrañeza, Kafka sin terminar de leer en la sala pequeña, el té helado en la mesa, y el cansado lápiz junto con las 117 hojas de mi diario.

Todo el recorrido de mi cruda realidad se atenúa con mis sueños de escritor, y sin parar acomodo la silla debajo de la cuerda, si de alguna forma me da miedo y quiero retroceder, no tendré tiempo suficiente para desactivar la bomba de reloj que dejo junto a la cocina.

Imagino el dolor y tiemblo al pensar que seria inútil mi vida sin las muertes causadas a mí alrededor, sin embargo rió al saber que la explosión luego de mi fallecimiento extirpara de la tierra a toda una multitud que festejan su graduación en el piso 46, y a una pareja de hombres que con vestidos caros presumen de mujeres junto al espejo en el piso 44.

Doy mis pasos finales y mi última mirada se refleja en el piso, subo a la silla y estiro mi cuerpo poniendo la soga en mi cuello, sabiendo que en este acto soy mi único espectador.

Hoy un salto acabara con mi ser, y medito todo lo anterior sólo por calmarme y saltar.

Carlos Acuña

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