07 enero 2008



La Amante

Dentro de la triste sombra, la esperanza muerta de la luz yace como recuerdo en un lugar olvidado, el tiempo que recorre la sombra por la soledad es eterno y mientras hace esto, yo, lloro en la tumba ajena de una muerta que asesine tiempo atrás. Esa misma que hacia de los días con sombras, largos y eternos, una forma plena de ejecución simulando una nostalgia muy bien condensada en la mentira que su verdad indicaba tan fervientemente al amanecer.

Recuerdo el día de su muerte, donde su sombra ya no estuvo y la luz de sus ojos negros me indicaba que su error había terminado, su pena mecía a mi implacable agonía. Imagino ahora su cara frente a la piedra fría del desprecio, rió al saber que su ego no traspasa el hueco en el que esta.
Su asesinato representó para mí, sólo un paso, su consumación significó el mayor cúmulo de alegría en mi vida, tanto que ahora no recuerdo mi cumpleaños, sino, el día en que las 20 puñaladas ingresaron en su cuerpo y acabaron con su existencia. Luego veo los pedazos de su cuerpo cortados en trozos pequeños, dispersos en sangre y el metal del mesón.

Nadie lloró por ella, al funeral sólo acudimos tres personas, y los sepultureros no lloran a nadie. Ahora las gotas de la despreciable lluvia parecen saliva, el cielo escupe a lo que queda de su cuerpo y el olor a margaritas y a tierra mojada, pasa desapercibido, las moscas se deleitan dentro de su ser y el cielo gris se solapa con mi alegría. Lloro y mis lágrimas se unen con la saliva que cae, lloro y parece que me doliera, lloro y ambiciono que todo se me retuerza en mi estomago provocándome el vomito.

Camino por las calles del cementerio y la lluvia moja mis ropas negras, parezco un amante enlutado, y simulo a un amante feliz. Lentamente transito por lo oportuno del estado lúgubre, justo cuando observo lo fenezco de las horas, lo funesto de mi actuar, y en esos momentos escucho el canto de cuervos.

Una tumba enorme alumbra en lo gris del horizonte, una vela, una persona, junto a la extraña piedra que hace de casa para lo que queda de aquel que yace en ella. Me acerco y escucho el llanto caer sobre el sepulcro, una mirada se levanta dentro de la neblina y la lluvia, el azul se mete en mis ojos y prende en mí, una antorcha de sensaciones y de deseos.

A un paso de la visitante de aquella cripta, una voz resuena, recia y clara, diciéndome que me detenga, diciéndome “soy una amante enlutada, una triste y cariñosa peste que se cierne sobre este lugar, para que mis actos lleguen más allá de este día” sus palabras desbordaron mi pasión, contesté “soy un amante enlutado, un feliz ser que recorre riendo los pasillos de la muerte”. Su beso luego de mis palabras, sorprendieron a mis labios, el placer y el delirio por el sexo llegó, y dentro del mausoleo rompimos nuestras ropas negras y mezclamos nuestra risa con gritos y grandes orgasmos.

Justo antes de perder el conocimiento veo un metal brillando en la oscura catacumba en la que estábamos, acercándose a uno de mis ojos.

Nota: Informe de la policía: Se han encontrado dos cuerpos, llenos de sangre y desnudos, dentro de un mausoleo. Cada uno con varios orificios en sus cuerpos.

Carlos Acuña

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