29 febrero 2008

Mi familia

“La agonía me mira fijamente
y me desafía a encontrar ese bonito agujero en el que todos nos sentimos finalmente seguros” Ekkaia

Tras la angustia de la noche, las sombras invaden el cuerpo de mi madre, mientras las ratas devoran el ojo de mi padre; mi hermana hecha trizas en la cocina espera por sus tristes gusanos y yo, con el cuerpo ensangrentado, lloro por mis errores. Son las 6 de la mañana.

Después de una horrible pesadilla despierto; recuerdo que tengo que terminar de rebanar a mi esposa y empezar a mutilar a mis hijos.

Con el tiempo en la cabeza recorro los pasillo de mi apartamento y llegó al cuarto de mis dos engendros, cada uno con dos años, “pequeñas molestias” los solía llamar, “es hora de divertirme” me decía. He pensado en cortar sus pies y luego ir subiendo hasta que sus extremidades queden reducidas a pequeños trozos. Sin dejar de grabar para reír en las noches en que no cercene a nadie.

Luego de liquidar a mi familia, recurro a destruir su recuerdo y concluyo en moler sus pedazos y hacer espagueti con carne molida; cenar con los perros del callejón y fumar un cigarrillo para estar más satisfecho. Irme de viaje y olvidar toda la sangre que derramaron; conseguir otro empleo y empezar desde cero, hasta encontrar mi verdadera familia, las mas acorde para mis necesidades.

Muchas son las pesadillas que recorren mi camino, pero la paz llega a la hora de la cena y siento que nada es en vano, espero por los días en donde el bienestar de mi podrida alma sea el malestar de mi amargo corazón.

Sin dejar de pensar en todo lo sucedido, el punto que liquida la hoja llega a las 12 de la noche; es hora del té para los asesinos.

Carlos Acuña

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