06 junio 2008
Condenado

“El silencio es mi única salida…”

“Con los testimonios de cada uno de los testigos mi caso quedó cerrado, fui condenado y como tal, el día de mi ejecución salía en las noticias de las 6, mi cara era conocida, por ende desaparecerme de la faz de la tierra era lo mejor que podían hacer para calmar el animo de miles que me querían muerto.

Una tradición en la pena de muerte, era requerirle de todo lo necesario al convicto para que su ultimo día fuera satisfactorio, pero sin duda en palabras se queda este trato, solo tu última comida es la que te dejan elegir; me debatía entre una ensalada cesar y una pizza familiar.

Pese a mis esfuerzos por describir lo que pasaba, me quedaba corto, narrar y llevar apuntes dentro de una prisión era difícil, relatar mi proceso, casi imposible. Muchos guardias ocultaban su miedo. Todos temían”.

Al terminar de telegrafiar el punto, me aparto de la máquina por primera vez en varias horas, busco un cigarrillo para fumar, subo a la azotea, camino despacio por las escaleras, llego hasta el final pensando en como seguir el relato del condenado, al abrir la puerta, el interior no era la azotea, me encontraba en una celda con una pizza familiar puesta en la meza con algunos libros, justo al lado de una cama y una letrina. Al tratar de retornar a la escalera la puerta había desaparecido y en su lugar una pared. En primera instancia no comprendía mi verdadero estado, hasta que caí en cuenta que el relato del prisionero se había vuelto en mi contra. No existía una manera para salvarme, yo era mi verdugo y lo peculiar era el sonido de fondo; una maquina telegrafiaba sin parar.

Pensé en la mejor manera en deducir lo que me sucedía, sin embargo las teclas seguían sonando. Pude recordar que escribiría luego del punto en donde abandone el relato y sostuve que había liquidado la vida del reo luego de varios párrafos. Mi mano y las teclas escribían la hora de mi muerte.

¿Estaba loco?, eso no era lo importante; me sentía nervioso y como los nervios te hacen hacer cosas ridículas, grite “guardias… guardias”, unos segundos después dos guardias frente a las rejas me preguntaba por mi alboroto, hubo un silencio y los guardias dieron vuelta y quede solo nuevamente.

Tenia que pensar, analizar, tratar de escaparme de las letras y de las teclas, tenia que sobrevivir de algún modo; junto con mi pensamiento estaba el muzac, ese sonido traicionero que antes me fascinaba y que entre estas paredes me agonizaba la existencia de una manera inexplicable.

“Quedan pocas horas” me decía el reloj con su eco mudo. Dando vueltas entre la cama, las pared y las rejas, no se me ocurría como salir y escaparme, como eludir a al fin del párrafo, como vivir a la salida del sol. Mi sentencia, según yo mismo, era a las 12 pm. Las manecillas daban las 10 pm; dos horas me separaban de la dulce muerte.


Decidí esperar que vinieran y ver que pasaba, vivir en carne propia mi espectacular relato; al fin y al cabo el condenado era un asesino, por lo tanto su existencia no era de un valor cuantificable, me eche a la cama para dormir esas dos horas que me restaban y así tranquilizar mis nervios.

Al ver hacía el techo de mi celda desde mi incomoda cama, pude observar un escrito con sangre que me hizo entender la naturaleza del hombre que había creado y que sin duda no conocía. El escrito era simple y complejo, un pensamiento fugaz del personaje de mi historia. Una carcajada en letras.

Dentro de esta situación, las preguntas saltaban solas, ¿Por qué el tecleado maldito? ¿Era la maquina la causante de todo? ¿Y si yo estaba en la celda quién se hallaba en mi habitación? ¿Quizás el reo? Las conjeturas decidieron darme en la cabeza una por una como agujas. No podía dormir, se me necesario encontrar pistas sobre mi relato que yo nunca hubiera escrito ni pensado, dando pie a más suposiciones, acercándome más al estado de locura que le eran propios a los que esperan a la muerte.

Al buscar en los libros, hallé el diario del reo, mi sorpresa fue enorme al leer detallados párrafos sobre la vida en la prisión y sobre su proceso, yo nunca puntualice tal cosa, jamás hice ese avatar en la mente del prisionero y sin duda mi personaje era muy inteligente y escribía muy bien. A pesar de todos los detalles, el mismo planteaba que no podía escribir mucho y eso lo atormentaba, por cuanto todo lo demás que no conocía estaba muy lejos de mi alcance.

El tiempo transcurría sin encontrar ninguna solución ni salida.

La frase en el techo de la celda era sin duda una clave, pero como un gran rompecabezas, algunas piezas eran difíciles de hallar; para mi mayor tormento las teclas aumentaban de velocidad y el eco me destrozaba la cabeza.

Varios poemas eran el total de muchas páginas del diario, dos de ellos me llamaron mucho la atención. Decidí leerlos nuevamente y prestarle más atención. Tal vez sus líneas puedan ayudarme.

Esperando

Sentado en mi cuarto solo,
esperando sentado estoy,
la impaciencia es alta,
el agua caliente en la mesa
y mi esperanza a cuesta.
Salí a buscarte donde siempre
y nunca pude encontrarte.
La pasión desase el tiempo,
y el día marca mis cambios.
Quejándome solo por la espera
mientras tú con otra persona
haciendo lo que yo quiero que me hagas.
Sentado durmiéndome estoy,
esperando sentado,
esperando a la muerte.


Un poco de tristeza por la llegada de su muerte, era lo que podía interpretar en ese momento del poema. Sin demorar empecé a leer el otro poema.

Silencio

Lloro al pensar en lo cruel del silencio.
¿Pero quién es el dueño del lugar donde el silencio habita?
¿Será el mismo que tira los pedazos de nada que arman mi todo?,
Un todo lleno de cochina estupidez.
¿Dentro del silencio hay una cabida para lo que se dice?
¿Hay una cabida para lo que se piensa?
¿Es esa cabida similar a esta pequeña maraña de peculiaridades
que me trae la aurora en esa hora de muerte para los parpados?
Ahora el gris endurecido yace frío y solitario
en este mismo lugar donde la dulce voz de las rejas
me hacen pensar que el silencio es mi única salida.

¿Y qué esperaba encontrar en estos poemas? ¿Qué podía resolver al leerlos? ¿Era el silencio la única salida? Al analizar la frase y los poemas, pude entender que el reo encontró la manera para librarse de las teclas y por cuanto de su destino; la espera era mi única salida, esperar a que las teclas dejarán de sonar, correr hacia la pared para encontrarme con la escalera y la puerta de la azotea y así deshacerme de toda esta maldita situación.

No podía quedarme quieto, caminaba de un lado a otro y las teclas no paraban, el reloj daba las 11:50 pm diez minutos para que me vinieran buscar, con toda mi desesperación me senté en la cama y espere. El sonido de las teclas se desvanecía poco a poco, sin pensar mucho, corrí hacía la pared por la que había entrado y sin más estaba en la azotea con mi cigarro en la mano.

Al volver a mi estancia, todo había cambiado, la maquina estaba en otro lugar y lo que viví dentro de la celda estaba escrito en unas hojas regadas por toda la habitación.

Resolví no terminar el relato del condenado y empezar otra historia pero sin personas en ellas.


Carlos Acuña

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