12 septiembre 2008
Trasatlántico


Una vez que abrí la puerta ya no podía retroceder, la cara del silencio golpeo mi rostro y anunció, de una extraña forma, el fin de mi existencia. La habitación se quemaba lentamente, la puerta por la que entre se cerró tras de mi. ¿Un absurdo pensé?, ¿Un sueño tal vez?, mis preguntas a secas no eran respondidas por mi lenta lengua.

La catástrofe de la estancia me hacía pensar en que todo era un océano (el Atlántico) en llamas, y que yo, en mi barco de papel, era un polisón que tenía que morir.

Luchando contra lo que se me avecinaba inicie un estimulo de dimensiones abismales, el trasatlántico de rayas azules presentaba fugas y el agua se colaba por doquier, los pedazos de su popa y de su proa se deshacían.

Es un mal cuento para las noches; una historia sin nombres que mencionar. Sin esperar, el barquito sucumbió a una enorme ola.

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