22 diciembre 2008

La espiral


Ninguna hora sirve, nada es lo que no se.



El miedo al desconcierto, encierra en si mismo, la causalidad del error, los cambios dañados por la cúspide, sobrepasan el dolor que los 5 minutos logran encarnar. ¿Era realmente necesario sintetizar cada momento de sufrimiento? Yo no era nada, pero al nombrarme me convertía en algo que excede la nada y se convierte en algo que no se sabe como nombrarse y es allí donde Beckett me insulta y pregunta ¿Serás tú, o el preciso silencio? ¿Seré yo, allí mismo? nunca lo sabré, en el silencio nadie sabe, pero sin duda sigue.

Veo cada mano como una consecución de algo podrido que no me sirve, cada pierna como muñones que a fuerza fueron arrancados; veo cada paso que sin duda no son de mis pies, ¿Pies?; tengo la reseña de mi cabeza más no la usurera partida de sellar el abismo de mis ojos, ¿Ojos, cuáles? si las alucinaciones de a poco arrancaron las pupilas y las expusieron a la precariedad colectiva que nadie quiere y que llega justo a la hora en que la muerte invade una de mis alucinaciones haciendo que esta se ahorque.

Sigo con la vertiente infinita de bajar siquiera a un lugar, las puertas, las habitaciones, cada una de ellas, sin ventanas y, sin la necia seriedad de enrarecer a lo que ahora se suele nombrar, como algo de mera formalidad.


Ninguna nota


Presiono al indicador de la fuerza que no existe y calculo lo que por siquiera me puede ayudar, menciono lo que no es real, escucho y grabo el silencio de mis palpitaciones; las sugerencias de una de mis alucinaciones caduca en la alacena podrida de la mentira que justo a la hora de la cena llega para seccionar una verdad que nunca se disfrazo de ella misma y que nunca contribuyó para que la imaginaria razón que suelo tener sobrepase los escandalosos picos que escalan cada número que tienen mis dedos, ¿Dedos?. Cada número concurre en distraerme, en dispararme, en ignorar lo que ahora mismo las letras del inconsciente pueden ejecutar cada vez que a ellas les de la gana. ¿Letras? Todo el abecedario tiene nombre de alucinación, todo viene a mi mundo en forma de puñal y traspasando mi espalda, introduciéndose en mis pulmones, inunda a mi respiración que por fuerza mayor deja de respirar.


La sección que nunca conocí


Llega la hora en que la espiral suelta su sueño patético y alucina, alucina a una de mis alucinaciones y hace de la matanza interna un juego del que yo no soy participe, sólo soy la mesa para asentarlo, un invitado mal educado y una gota de sudor en el ojo podrido de algún vagabundo.

La sección que no conozco me lleva de vuelta hacía el inició del fin, justo a la hora descrita en el principio, esa es la bitácora de los 5 minutos de este día ¿Día? Que hermoso es solapar con los dedos, con la mano, con los ojos que no tengo, la peculiar ignorancia de mi lógica.

Lo que no conozco se convierte en una sección aparentemente ilustrada por las agujas del tic tac imaginario; el reloj marca cada segundo como una hora, ampliando el instante en que cada alucinación me traga internamente; ya no tengo los 5 minutos de cordura; si los segundos son horas, ¿Qué queda de mi tiempo?, sin esperar a que alguien que no sabe ni siquiera que hace, me conteste, emprendo el recorrido de la sección que parece eterna y que de alguna manera, introduce una nueva forma de ver a mis alucinaciones, una nueva cualidad, donde el conjunto de actividades programadas en la agenda que no existe, se desgrana paulatinamente.

Una parte de la sección que no existe, es sin duda la más aterradora, los sueños de cada personaje de drama de alguna de mis alucinaciones, me llegan en momentos en donde los pasos a seguir suelen tener algún conocimiento que podría postergar los segundos a días y así, hasta que un segundo se convierta en la eternidad que mis alucinaciones buscan desesperadamente.

Luego de sortear personajes, empieza una parte de la sección que no existe, donde yo, alucino mi propia vida y, a corto plazo, el plano que las venas hicieron con la sangre de mi cerebro, engendra una nueva parte de la sección que no existe y que ahora tiene un sótano.

Ya no hay respuestas, me retiro, de la sección y encuentro un lindo agujero donde la espiral tenia otra entrada y allí, comienza mi caída nuevamente.

Al bajar, las angostas indumentarias de mi vestido, desglosaron el ardor del asfalto en mis rodillas, comenzando el virus que pronto señalo la nueva entrada a una nueva alucinación, la de las heridas múltiples. La alucinación era algo lóbrega, muy fatalista y sangrienta. Cada pedazo de mi ser era una ventana ingenua, que exponía en el mejor de los casos, un instante a seguir, sólo eso era, un experimento al mejor estilo de ensayo error.

Luego de variadas entradas en mi piel, se acerca a los músculos, luego a los huesos. Aplastándolos por fragmentos, que salían disparados por las heridas abiertas.

Entrando de nuevo, en el estado de desolación que el viajar me regala, recupero cada gota de sangre derramada y sigo el viaje, desconociendo a mi alucinación y su a mortífera morada.

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