15 octubre 2009

La bailarina



Permanecí encerrada durante todo el tiempo que el mismo respirar duró, tal vez esos instantes fueron suficientes como para escuchar a Chopin internamente y salir bailando por todo el piso abandonado, el 35, justo donde me hizo el amor hace días; justo donde me dijo que me amaba y justo donde lo vi con otra mientras le decía “te amo” al oído.

Permanecí quieta por un segundo, el piano sonaba tan perfectamente, que parecía que el pianista estuviera al lado tocando sólo para mi; en ese segundo lo descubrí, el vidrio estaba cerca, con la misma hacha con que le partí la cabeza, rompí el vidrio y salte.

En el aire, feliz por todo lo anterior, seguía escuchando a Chopin, seguía danzando como si la muerte fuera a darme una segunda oportunidad. Y allí, justo cuando la melodía se detuvo, el concreto estaba al frente de mi cara.


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