Pájaros negros

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Son las 8 de la noche. Leía a Poe - El cuervo – y tocaron a mi puerta; tres compañeras de clase me invitan a tomar cerveza les digo que no y ellas de todas formas me indican el lugar donde estarán; vuelvo al cuervo y no pasaron 10 minutos antes de dejarlo para preparar algo de comer; mientras la comida estaba lista - Pasta con salsa de tomate y carne molida - decidí ir hasta donde estaban mis amigas (era un poco lejos y el camino muy difícil como para ir a pie) sin embargo, no pensé eso hasta que mi situación se convirtió en un pasaje totalmente diferente al que me había imaginado .

Cerca del lugar donde quedaba el local, muchas radios reportaban ataques donde las victimas quedaban sin ojos y sin ningún testigo la policía no daba respuestas; ir por la carretera era bastante peligroso, decidí irme por un atajo que mis amigas me enseñaron; eran las 9 de la noche, iba por la mitad de mi recorrido cuando unos extraños pájaros se posaron en las ramas de los árboles más cercanos, sin perder el control acelere el paso, sin explicación los pájaros se vinieron sobre mí, eran negros como mi porvenir.

Despierto y no puedo moverme, estoy tirada en el piso, dos pájaros están cerca de mis pies, deshicieron mis zapatos y pronto mis dedos dejarán de existir. Un ruido hace que quite la vista de los pájaros, una chica pasa y empieza a gritar, le digo que me ayude que espante a los pájaros – sus picotazos me inmovilizaron, una especie de sedante tenían sus picos – ella me dice “que pronto vendrá, que buscara a su padre” al irse, los pájaros como si hubiesen entendido todo, levantan el vuelo y se me vienen en picada, uno se incrusta en uno de mis muslos y el otro cerca de mi hombro, mi sangre salía por doquier y dentro de mi, los pájaros estaban ahogándose.

La bailarina

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Permanecí encerrada durante todo el tiempo que el mismo respirar duró, tal vez esos instantes fueron suficientes como para escuchar a Chopin internamente y salir bailando por todo el piso abandonado, el 35, justo donde me hizo el amor hace días; justo donde me dijo que me amaba y justo donde lo vi con otra mientras le decía “te amo” al oído.

Permanecí quieta por un segundo, el piano sonaba tan perfectamente, que parecía que el pianista estuviera al lado tocando sólo para mi; en ese segundo lo descubrí, el vidrio estaba cerca, con la misma hacha con que le partí la cabeza, rompí el vidrio y salte.

En el aire, feliz por todo lo anterior, seguía escuchando a Chopin, seguía danzando como si la muerte fuera a darme una segunda oportunidad. Y allí, justo cuando la melodía se detuvo, el concreto estaba al frente de mi cara.


Los asteriscos que colecciono

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* Encontrarme con una nerd y que se enamore de mi.
* Conocer a una bailarina de valet con tutu incluido y que sea mi amiga.
* Vencer el sueño atrasado, quedarme y ver por fin un amanecer entre las ventanas de un apartamento que no sea el mío.
* Divertirme por dentro como lo hago por fuera.
* Dejar de llorar; no contar más letras; pensar en otra palabra que no sea aire.
* Terminar los 20 cuentos inconclusos que tengo y así terminar el otro libro de cuentos.
* Finalizar de una vez por todas con la distancia entre mi temor y mis suspiros.
* Examinar los meses de aniversario y no quedarme con ellos, nunca más.
* Suprimir cada imposibilidad generada desde mi exilio deliberado y así ser más eficiente.
* Dejar de ser tan egocéntrico y pensar en las cosas que me pierdo al no ser sencillo.
* Revelar los rollos que tengo guardados.
* Visitar a mis amigos del Bachillerato y pedirles perdón por el tiempo perdido.
* Concluir lo del trabajo y ahorrar e irme hacía el sur (Argentina - Chile)
* Concluir y decir adiós.

Un pequeño instante

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Las rayas marcaban el paso; el negro de la noche se disipaba con las luces del auto. Todo se vuelve una maraña de árboles, y allí, justo donde la oscuridad se me revela, me detengo, las manos en el volante; la lluvia en el parabrisas; pensé en quedarme en la oscuridad, en exiliarme con el silencio y buscar un suave aguajero donde pudiera estar para siempre.

Soy la misma en la carretera. Soy la misma. Mis errores me siguen igual que las rayas. Todo, absolutamente todo, es igual. Tengo que acabar con la agonía y permitir que el tiempo continúe.

Salí del carro sin pensarlo mucho, esperaba que un auto pasará y me atropellara y que en ese pequeño instante, mi voz, se disipara. Un gran estruendo se escucha al final de la carretera, las luces me ciegan por un segundo; el ruido de las ruedas al frenar me hizo pensar en el fin.

Sigo con las manos en el volante; los truenos y la lluvia continúan cayendo, suspiro y continuo como si nada hubiese pasado.