28 diciembre 2010

Aparato formado por una barra horizontal sostenida por otras verticales, de la que se cuelga una cuerda

Ella sigue la pista de toda el agua caída. Insiste en que es real y persigue el viento entre las hojas del otoño. Toca guitarra en su sótano y prefiere las canciones tristes. Nunca la vi llorar, seguro que sus lágrimas lo saben. Ella era la parte culminante de los suspiros, nunca se lo dije. Siempre juega a ser recuerdo y pasea por mi sombra como los globos en la tarde.

En una entrevista le quise decir sobre su tono de voz, la pena me destruyo los argumentos. Su tono era como las alondras. Sus mejillas como las copas de los árboles y al final, luego de toda la charla, me toma la mano y me deja una nota.

Sigo y llego directo a la cuerda. Leo la nota y me coloco la soga al cuello. Todo era muy fácil, un paso y terminará el invierno. Antes, un segundo antes, las letras de la nota se devuelven y la voz de mi amiga suena en la habitación. El suicidio es la mejor salida.

27 diciembre 2010

El Secreto de mi amiga

El venía cerca de la sombra de su lengua. Apresura su paso y entre los cristales de los números, empieza a gritar el nombre de mi amiga. No sé cómo llego a ser tan importante y a convertirse en su secreto. La verdad es que nunca me importo, siempre se iba entre mi sueño y el despertar de las margaritas.

Los asteriscos se cuelgan y las pausas siguen el rastro de los insectos. Persigo a su sombra y me convierto en el bienestar de los textos tachados. El reloj juega a seguir al tiempo y él, sigue tratando de despertarme.

Nunca quise encontrar la manera para explicarte con calma, las mentiras que te contado. Tal vez no puedas entender, sin embargo, mi amiga tiene un secreto y en susurros me insulta para que no termine de crearte.

El secreto de mi amiga nunca lo supe. Tal vez al final, cuando pueda despertar y tú mueras entre las líneas, ella me dirá la verdad que hay detrás de toda la historia de mi sueño y mi suicidio.

26 diciembre 2010

Hipótesis del continuo

Entre cuerpos y plastilina, la noche se nos pasa lentamente agradable. Mi sobrina juega con los huesos de su madre y dentro de la urna, los gusanos todavía saborean mis restos. En vida todo era una situación situada bajo el sol del mediodía. Las casualidades encuentran a los errores conspirando entre las luces del perro y toda mi familia empieza la fiesta pagana que tú sueñas.

Quieres tener el control y poder sustituir tus suspiros por los guiones que los asteriscos van soltando entre las líneas de este mes. Quieres entender el sufrimiento y comparecer ante tus verdades y el sueño que mi amiga te ha contado. Espero que quieras entender tu – no realidad­ – y seguir el camino de las hormigas.

Cuando amanece, sigo en el sueño de mi amiga y tú sigues entre mis restos y los llantos que mi sobrina suelta.

25 diciembre 2010

Inasequible

No puedes negar que no existes. Es imposible. Imagina por un momento que lo logres, que realmente existas. Y si es así qué. No vas a ganar nada con ello. Será tu mentira favorita. Una masacre interna, un lujo. Lamento que realmente no puedas y tal vez sea mejor. Por ejemplo, sino imaginas, si es que descubres tu verdad absoluta. En poco tiempo la rutina llegará a tu puerta, todo será igual a cuando sueñas en despertar. Te aconsejo que sigas como has estado. Sin nada, sin ti. Con tu estupidez tatuada en tu memoria.

Desde el otro lado de la habitación, sabes que no existes y aún así quieres despertarme, como antes, insisto en que no soy el que te sueña, mi amiga es quien nos crea. No somos pasajes de su abismo, ni mucho menos una pequeña reunión dividida en partes. No podemos acceder a su cuenta.

No puedes negar que soy más importante. Es la parte que no has logrado entender. Y si en algún momento podemos estar a la par, despiértame para volver a suicidarme.

23 diciembre 2010

Amiga

No estoy dispuesto a perder. No sería lo mejor. Lo seguro (si es que la realidad viene de ese modo), es que no tengamos una mejor escena que la del tipo y su cuello roto en partes por la cuerda. La silla derrumbada, como muriendo de risa. Y todos los muebles de la sala asombrados por el final y la apuesta del calendario.

– Amiga cuándo vamos a terminar de concretar lo nuestro. No puedo perdonarte que no lo hayamos hecho antes. Es muy importante, por favor contéstame de inmediato. Estaré en la misma dirección.

Antes de que todo siguiera, él era el tipo más afortunado de todo el lugar, su suerte era la de disfrutar por completo de una estructura diferente al actual régimen de circunstancias. No era la liquidación de lo imposible y menos una tolerancia con el jazmín. Había que discutir con él y asombrarse por completo. Relacionar a las venas con el coñac y que el agua se convierta en una infusión de números, era la diversión más grande.

– Amiga no tengas miedo, lo último que quiero es que te conviertas en la remitente aniquiladora. En la que lee y reacciona al momento de que el último punto cruce por su cerebro. Sigo analizando lo que me has dicho, lamento no tener una respuesta. Mi vida esta inmersa en que entiendas todos los conceptos. No puedo escapar, tienes que darme más tiempo

Cuando estuve frente al cuerpo, no parecía una escena. Era una catedral llena de algo inmenso. Los árboles se mecen poco a poco y el trauma de días viene a confrontar el imposible de su nombre. Tal vez, un minuto de mi tiempo, hubiera sido ideal, y él, seguiría escribiendo.

– Amiga, no puedo contestarte más. No es posible. Mi tiempo (si es que también escuchas el tic tac), fue inventar respuestas para que tus preguntas fueran cada vez mejores. Que mal es estar atado al lugar de la brisa licuada. Es horrible encumbrar la rehabilitación infinita de partes y además, es una pena que seas la última versión de la belleza.

21 diciembre 2010

Otoño, invierno, primavera, verano

No vivo en primavera. No puedo hacerlo. Es parte de mis –no es– que no debo ocultar. Las estaciones para mí no deben alcanzar más que marcas en el calendario. Si es qué realmente existe uno. Al final del día despierto y sigo en el sueño que tú me has contado, sigo atado a tu forma y desde aquél lugar, no existe nada.

No vivo en tus sueños. No puedo hacerlo. Es parte de mis –no es– que debo ocultar. Tus sueños son parte de mi vida y me hacen daño. Lamentablemente, desde aquí, todo cambia, entras en una espiral y sigo tratando de que las flores me regalen alguna salida concreta y bien ejecutada por tus partes.

Y si sigues tratando de que todo tenga una medida exacta para que de alguna manera las noches puedan darte una salida. Olvídalo, lo he intentado y tú siempre despierta entre mi sueño y el sueño que mi amiga te ha contado. Lo siento tal vez en otra ocasión te pueda ayudar, ahora quiero tratar de dormir y soñar con las estaciones y su contraposición de cambio.

19 diciembre 2010

Tengo la muerte atada a la muñeca

Tengo a la muerte atada a la muñeca. Es una solución que gotea sin fin. En las tardes, las arpías cruzan mi estancia, revisan mi pulso y me añaden a su lista. 

Al despertar, sigues durmiendo, te juntas con la muerte y te ríes en tus sueños. No hay más conveniencia que lamentar. Las gotas continúan y tú regresas a leer.

Paso por la sala de números, cerca de la casa de muñecas, en ese lugar los asteriscos persiguen a los guiones y la lista se nombra. Mi apellido se pierde en las voces del pasillo. El quirófano suena como los semáforos, como las chicharras. La cuenta prosigue con oxigeno y no hay una vuelta al inicio.

Cruzo tu sueño y trato de entender la revista de la mesa. En el cuarto piso, con la muerte atada a mi muñeca, despierto, de verdad, sigo en tu sueño, tratando de suicidarme.
16 diciembre 2010

Te lo diré

Para que esto no sea un secreto y que los dos podamos mantenerlo de forma íntima y hermética, te lo diré en susurros: no existes, yo soy el que te sueño. Para que tus bases sean la mayor particularidad de la tarde y puedas contarles a todas tus amigas, te lo diré al oído: no eres nada y al nombrarte te conviertes en algo peor que eso. Para que realmente se termine y me dejes, te lo diré abiertamente: no trates de creerlo, todo es mentira, recuerda yo soy el que te he inventado.

14 diciembre 2010

Dentro del sueño de mi amiga

Ramos Sucre conoció a Kafka en Merano. Uno ya había muerto y el otro, no sabía que eran los sueños. Los vi, estuvieron hablando en perfecto alemán. No sabía que decían, sin embargo, su conversación era sobre mí. Siempre echan una mirada. Lo supe porque mi amiga me lo contó.

Ella me dijo que sin duda, al final de sus días allá en el Sanatorio, los dos, se habían enterado que eran mi sueño. Les dio mucha risa y de allí en adelante, se pasan las tardes dando vueltas a través de los sauces y me miran de reojo; no es fácil para Ellos, ahora lo sé. No se puede estar pensando con tranquilidad, cuando se tiene la verdad de su existencia. Ellos lo sabían.

Mi amiga me dijo, en susurros, que su cuenta era más larga y que si no me apuro, despertará y no podrá ayudarme. Ellos irán tras de mí y con sus argumentos dramáticos, me harán soñarlos para siempre.

13 diciembre 2010

Planta

Al romper el concreto, un momento antes, todo era un pequeño cotiledón que los críticos y sus innumerables caminatas, hacen sobre el set de grabación. El director dice corte y todos aplauden; la actriz principal muere y la sangre llega al orificio fracturado por las raíces; la seriedad del acto bifurca los rayos del sol y presionan a Martín por la comida. Una voz en off sugiere una segunda toma, todos corren a sus posiciones y sin que nadie escuche, la primera figura hace sombra sobre el cemento.

Días después, el primer pecíolo se estira sin contemplación tras el silencio mandado por la producción. César viene corriendo y todos, absortos con sus indicaciones, pierden a la denominación dada a todo vegetal.
10 diciembre 2010

Tardes grises (lluvia vespertina)

Antes de que sus ojos vieran su revés, ya había muerto. No tuve nada que ver. En esos días la lluvia era la tristeza de las tardes y como me es habitual, no podía salir. Así, antes de asistir a su funeral, de verdad, ella moría en mis manos.

No es fácil explicarlo, trataré, sin embargo, no te prometo nada. Soy tu asesino. No te rías, es la verdad. Desde el lugar de donde lees, te estoy matando. Lentamente hago que sigas las líneas y cuando llegas a una pausa, tu suspiro liquida el párrafo. Claro, seguro dices –por qué siempre me tocan los que se la dan de inteligentes. Puede ser que tengas razón y sólo sea una historia de tardes-grises. Sin embargo, por qué sigo en tus pensamientos.

No podía resistirlo, es una verdad que grita y dice –tienes que hacerlo. No quería, sin embargo, cuando pensé en ello, ya era una mujer muerta. Lo juró, no fue mi culpa, lo hice por algunos instantes. Ahora camino por el cementerio y la lluvia sigue cayendo.

Te lo he dicho, soy tu asesino. Mientras sigas creyendo que no puede existir alguien hecho de letras, la tinta se escurrirá por tus manos y en segundos, veras mis ojos grandes, en ellos, la figura que persiste, es la tuya.
01 diciembre 2010

Los trenes

Sus nombres siempre se iban en los rieles y el tren de la 5. Nunca pude verle las caras, ella siempre se cobija en mi sofá y me confiesa lo sucedido como un cuento. Me suelta la indagación de las escenas y las imágenes ruedan por toda mi estancia, ellos la besan, le hacen el amor y ella toma té cerca de mi pecho. Empecé a sentir que era culpable, tal vez tenía la maldición de TÁNTALO.

Era hermosa, sucedía como en sus cuentos, luego de que terminan, ella siempre se va en el último tren. Su té queda intacto y mi pecho entra en un frío aterrador. Tal vez si es cierto y ella ni siquiera existe, me veo desprovisto de sus ojos marrones y me voy como los nombres de la primera línea.

Al volver a mi apartamento, ella se sienta. Ya no llora, me mira fijamente y me dice: no eres unos de esos nombres. No eres nada. No quiero volver y no quiero que sigas haciendo té. Se fue por la penumbra y la puerta quedo abierta. Las velas eran hermosas, el olor y el humo del incienso, eran el trauma que no quería. Saber de ella era la verdad de los rieles, el tren de la 5 era mágico y los nombres se salvan al entrar al andén.

Recordarla es intentar escribir el dolor de los vagones y su silencio de metal. Es la parte imposible que las canciones sufren y además, es una tortura que ni siquiera puede llevarse a cabo. Ella sin duda, lo sabe.

Que bueno es despertar. Saber que soy su sueño favorito y ella es la misma que tú inventas.
11 octubre 2010

Personaje principal del libro

Tal vez no recuerdes como has llegado a esta página y tal vez eso no sea importante. Quieres de cualquier manera entender por qué lees y allí despiertas y vuelves sin ninguna oración en la cabeza, en cero, en nada, como los enfermos, como los de coma.

Te sugiero que te vueles la cabeza y de una vez me dejes entre los peces de plata, entre el polvo, en alguna gaveta o entre la basura, al fin y al cabo no existo, lo que sí es verdad, es que vuelvas a leerme y yo vuelva a parecer entre los párrafos, cruzando una metáfora y convirtiéndola en una parábola que tu no entiendes; en ese momento es que los dos saltamos al vacío, claro, el mío no existe, en cambio el tuyo, es uno evidentemente estudiado por tus partes.

No sé qué hora es, ni siquiera sé que son las horas, la digo porque tu mismo mueves mi boca y dilatas el tiempo para que yo esté allí siempre en el mismo libro, con la misma situación y antes del final te dirás – ah pasara esto u lo otro – pero no, sucede de que no pasa nada, tu despiertas y yo no finalizo nunca, es la maldición de la espiral.

Me prefieres y también me ignoras por Borges, – que delicia – te dices y empiezas a comparar y allí me cambias una y otra vez hasta que me pierdo entre los demás, hasta que un día ya viejo, vuelves a buscarme y me dice en susurros (claro ya tu voz no es igual) – todavía no te he terminado de leer –.
01 octubre 2010

Usted

Entre la maleza, busco el punto exacto donde me perdí. Allí, me encuentras. Tejes cada paso que doy. De alguna forma creo que mi vida es verdad. Corro por todos los puntos y ninguno quiere regalarme el momento inexorable en el cual, tus ojos, me llevan. La construcción es personal, parece que atraigo a los insectos y por si fuera poco, arriba de mí, una pausa es el instante que queda antes del amanecer. Ese instante que usted arma lentamente.

Parece que igual que antes, no podré encontrar lo que estoy buscando. Soy el mártir que su cerebro construye. Tal vez en el algún sillón. En alguna banca. En el bus. En el interior de una celda o en la cama de tu madre. Tal vez seas la invención que la realidad de esta orilla, hace pistillo y rompe los pétalos lentamente, sin planes, sólo los ejecuta con mucha calma.

Al correr, el viento me dice que no existo. La solución perfecta no me sugiere una salida. Y allí, en el momento en el cual usted pasa la hoja, despierto en la hierba, seguido con la nostalgia, sigo sin encontrar lo que realmente busco y usted, sigue leyendo como si nada pasará. Este era el proceso que realmente no podía seguir. Todo se tergiversa y sigo corriendo tras mi punto.

Las páginas suenan igual que los pájaros y usted, hace un guiño. Parece que realmente quieres que nada se termine. Quieres seguir construyendo toda esta historia y que las líneas piensen en los párrafos que voy a teatralizar. Justamente ahora, irrumpes en mi vida, como si fuera poco, hay un personaje en una banca cercana que me mira detenidamente, al pasar frente a sus ojos, me empieza doler la cabeza.

Los pájaros suenan la música que las hojas le dictan y el tipo de la banca, cierra los ojos. Despierto, sigo en la maleza, buscando el punto exacto donde me perdí. Y usted, es el tipo, es las líneas, es la música, es la muerte.
14 mayo 2010

Otras enfermedades


Esta ciudad huele a un almacén; tiene ese mismo tratamientos que da el oxido a los barrotes, esa misma esencia que siguen las sombras bajo las facultades intrínsecas de muchos padecimientos.

Bajo esa misma faculta la mentira estira la mano y alcanza a la osmosis; todo sigue en el mismo sitio, los puntos suspensivos deshacen poco a poco, las cortinas del cielo, nada se les escapa; las miserias siguen a las flechas y estas en sus puntas, invaden a los globos, que junto con cada signo, prefiguran esa escasez que mantienen al usuario en cada línea, en cada suspiro, que muchos pacientes tienen como resurrección.

El autor plantea una versátil mentira, que recurre a ser esquina y resulta ser orilla, el mismo es el borde de la nada, es la ribera que sucumbe por las pausas de cada exaltación, de cada toma. Carlos Acuña es el eterno perseguidor de estrellas, que compara a los números con sus miedos y a las tinieblas con las pesadillas, que los sueños reúnen en cada envase que el olvido recuerda cada vez que las reminiscencias de su ente lo contemplan en su espectacular agenda.

Hoy volví a hojear sus cuentos (como olvidar cada falacia), me reí y de una vez desperté, estaba en el sueño de Aura. Su sueño me recordaba a las pasiones de Fausto, con esa misma capacidad con que Natha me hace cariños, mientras, ella despierta.

José, José, escucha mi sueño; él la ignora y sigue ensimismado conmemorando el mejor cuento que había recordado el Viejo del inicio, el mismo que Carlos dictó al final de este mismo texto y que da énfasis al titulo. Recordó, que justo en el medio donde las capacidades se convierten en las características inverosímiles de muchas síntesis, el mismo despierta.

Aura esta dormida, el Viejo sigue en el sillón de la esquina, soñando lo mismo que sueña Carlos. En ese segundo, se levanta, sus ojos rojos hacen de pedestal a cada iniciación de las mentiras de Carlos Acuña y además, avivan, las llamas de esa personificación que se hace alucinación en la voz del que estudia.

Al despertar, Carlos escribe la misma historia que los dos primeros párrafos dictan a cada línea que tus ojos leen poco a poco. Dicta la idea del Viejo y su magistral espera; la forma caduca junto con las llagas de todos los pacientes.

¡Todo es mentira, José, todo es mentira! Yo sigo los puntos y ellos me llenan la boca con saliva ajena, me dan el tiempo de cada muerte, de cada vida, me dan también, una pequeña contribución que los números y sus múltiples aplicaciones agradecen a cada simplificación que el mismo Carlos no sabe cómo escribir. No entiendo nada, Aura, sigo pensando en el Viejo del sillón y su cuento, yo sé que tengo que acordarme exactamente, de cómo las bajezas adquieren una simulación y recurren a sabotear toda la torta que las moscas disfrutan en la noche.

Suma todo y no vas a conseguir ningún resultado, la estrecha relación que cada ensoñación revierte y se vuele una estaca podrida bajo cualquier uña de esas manos que pasan estas páginas.

Fue una noche terrible, la pesadilla de siempre me persigue, las unificaciones del sueño de Aura, los cariños de Natha, mis mentiras y las mentiras de Carlos, son precisamente, una copia fiel de esos títulos y enfermedades, exacerbadas por las llagas de cada punto suspensivo; enfermo, alucinado, descontroladamente decadente de toda oportunidad de respuesta que el mismo ojo no llega a leer.

Un asterisco demarca la posición inicial de la ruta, la pizarra era enorme, Paula sigue los puntos como pisando hormigas, llega al inicio y vuelve al medio en una rutina infinita. La tarde baña a los muebles de la sala, su carpeta amarilla resuelve todo el dilema, cada sueño, cada despertar, cada pico que entra y sale, está dentro.

Ella borra todo lo recorrido y en ese momento, recuerdo lo mismo que recuerdan los recuerdos en el medio del infinito, simulado por el regocijo sugerido de los enfermos de Liscosahe, que por casualidad leen sobre los Valentagramas y los tipos de la ruleta, así mismo, el escritor resuelve no despertar, sigue ese sueño eterno que acompaña a cada memoria, utilizando sus mismas reminiscencias para dirigir cada letra que los que leen ignoran.

Luego de una pausa, el librero suspira, me entrega el texto, me dice: cuando termines, me llamas y discutimos. Sentí que era verdad. Hoy la dosis es la misma, la espiral ha hecho huecos y me ha metido en otras enférmeles, ha surcado el laberinto y me trae directo a la fase consumada que ella misma ignora, me reanima y se jacta de que yo siga con las mentiras.

Sigo en el mismo inicio, un principio que el final enuncia, una simple bonificación que las cuartillas degradan poco a poco. Se Abre y cierra; esta fase es la sexta, es otra enfermedad, otra muerte.

14 abril 2010

Liscosahe y otras enfermedades

Una pequeña iniciación terminada


Resulta que era yo, y no lo sabía, eran más de las 3, casi nadie estaba en la estancia; el catafalco era negro; la capilla ese día estaba invadida de rosas teñidas de gris. Todo el ambiente me recordaba una historia que un amigo soñó hace varios sueños y que yo recordé justo en el instante en que termine de iniciar mi pequeña revuelta interna.

Las voces de la habitación contigua, eran las mismas que en toda la sala mortuoria; los familiares del muerto eran simultáneamente iguales a los familiares del muerto del sueño de hace varios sueños que mi amigo me contó justo en la misma iniciación, que las partes resuenan lentamente.

El féretro negro brillaba y llenaba de luz todo el recinto; las flores de luto, rebosaban la habitación y el olor a sufrimiento sobresalía por las rendijas de cada taza de café que los dolientes tomaban en sus manos; la pasión del último acto, ejecuto una señal extraña entre los visitantes de la urna; una buena parte de toda la habitación emprendía un viaje sin retorno, que los ojos de los espectadores no entendían.

El teatro estaba ese día completamente lleno de todo aquello que las demás obras carecían, los asistentes ni siquiera hablan y todas las miradas están pendiente de cada acto. La obra era la iniciación de un ciclo que nunca terminaría y aquellos afortunados estarán completamente condenados a seguir allí, hasta que el final del último suceso infinito, les diera el acceso fatal que necesitan.

Yo no lo sabía; entre todos levantaron el sarcófago, una buena parte de lo que yacían en la funeraria se traslado a la historia de mi amigo, la otra parte, acompaño al muerto al cementerio; entre tumbas de extraños, las lagrimas eran las mimas que la de los espectadores; sus quejas eran el eco de la obra. Todas las flores de la capilla eran el decorado de las paredes del teatro. Las voces de cada habitación se repetían en las moradas que mi amigo me relato.

Entre un momento y otro, Louis inicia su alocución, no entraba ni un alma en el escenario; ellas, atrapadas entre cada línea del discurso, ruegan por salir disparadas por la boca o por alguna rendija que un párrafo contemple. La disertación pretendía no extenderse más de 3 cuartillas y una sala de teatro, una funeraria, con muerto, asistentes, un sueño de sueños y dos personajes, eran su tema; los enunciados pretendían servir de guía a cada escuchante que ese día visito el local.

Yo no lo sabía; cuando mi amigo despertó, vino a contarme su sueño; yo desperté, acudí a la funeraria, vi un nuevo ataúd, flores y singularmente, ese día, mi madre repetía incesantemente, que una pequeña iniciación nunca termina en un solo acto, que las repeticiones y el infinito, son como los laberintos, hay que ir por partes, siempre teniendo en cuenta al público.

Al final yo no lo sabía; la inquietud de las rosas se desdibujo con el eterno ir y venir de todos los hechos y los catafalcos que yo mismo cargaba de un lugar a otro.


La mitad del infinito elevado a la tres

Era extraño tratar de entenderla, ella siempre me lo repetía. La mitad del infinito elevado a la tres, es la misma cantidad que utilizan los suspiros para denominar a cada orgasmo que se encuentra, ella insistía en que yo tenía que estudiar física, por más que quise comprender había algo en sus palabras que no podía definir y así, la tarde se nos pasa lentamente agradable.

Desperté y mi dolor de cabeza era enorme, no había una dirección correcta como para explicarme como soñé con estas personas, con ese lenguaje y esa estupidez en uno de los personaje que sin lugar a dudas, carecía de la fuerza necesaria como para ser tomado en serio, sin embargo, mi abuela encendió la lámpara azul y me preguntó, ¿Puedo ayudarte? Toma un poco de agua y trata esta vez de respirar lento y así dormirás mejor.

De verdad tienes que estudiar física, los productos siempre vienen en los mismos envases que los traumas venden en las orillas de cada filo de navaja, recuerda que sólo son números; no comprendí el dilema en que me encontraba, ella suspira, caminaba de un lugar a otro y en el momento en el que me besa, sentí que todo valía la pena y los momentos de pensar y repensar, siempre llegan a su fin.

Era extraño, Paco me despertó, le comentó mi pesadilla, era la de un chico y su abuela, le decía, te voy a poner esto encima, mi madre lo colocaba en mi frente cada vez que tenía una pesadilla, quédate tranquilo ya no soñarás con números y con ninguno de esas dos personas; Paco no concebía lo que estaba escuchando, las preguntas nos saltaban y siempre el punto de las personas y el de los números, era sin lugar a dudas, el más resaltante, la abuela y el niño sólo eran el producto de la transmisión de datos que internamente mis neuronas iban soltando.

Ella prepara café y la tarde llega a su fin, siempre que hago esto, escucho una voz interna, alguien me dice, al fondo a la derecha, justo donde las orillas se unen, encontrarás una historia extraña sobre Paco y su esposa esquizofrénica, que tiene 2 años soñando con una abuela y su nieto, ellos tiene una conversación sobre personas y números, el café era muy fuerte, ese día era el ideal para quedarme en su apartamento, es extraño, ¿Piensas que la voz de Paco y su esposa sean un piso limpio sin marcas, listo para derramar agua en él? Tal vez tengas razón y no debas estudiar física.

De verdad Paco, el niño está muy mal, no sé qué hacer, quiero intervenir, él va a morir, su abuela lo sabe, están en el último piso del Hospital del Sur, recuerdas que allí mismo intervinieron a la Tía Sofía justo cuando ya su mente se debatía entre la realidad y las pesadillas, pero cálmate, toma tu medicina, tal vez mañana puedas ayudarles.

En el momento en que mi abuela me arropa, le conté, que la mitad de todo lo anterior es el mismo resultado que el infinito multiplicado por las enésimas cantidades de reencuentros de las mariposas y sus crisálidas. Mi abuela me hace beber agua y todavía no puedo entender como la chica puede estar con ese idiota, pero más neurálgico son los números ¿Por qué la mitad del infinito se eleva a la tres?
La voz insiste en que al final del último capítulo del siempre, encontraré la cantidad exacta en que Paco ha dejado de dormir, me repite una y otra vez que la esposa enferma es la paciente número 10 y lleva 2 años en el 5 piso del Hospital del Sur, sin duda alguna te amo, toma café está bueno, tal vez mañana podamos ir al cine.

Desperté y mi dolor era intenso, la guardia estaba cerca, una hora más y toda iba a comenzar otra vez, fumar era parte la rutina, la terraza del piso 5 es el sitio de fumadores, llevo 2 años y tal vez me quejé pero los pacientes ni siquiera saben que están en él. Lo juro, es verdad, desperté y soñé con la guardia, con la terraza, con los cigarros, con los pacientes, con el piso 5, con todo el Hospital del Sur y su sala de esquizofrénicos, soñé con la abuela y el niño, con Paco y su esposa, soñé con el chico idiota y la Matemática de su novia, lo juro.

Sigo insistiendo Doctor, que la antigua enfermera sin duda, enfermó en sus 2 últimos años en la sala de esquizofrénicos, nadie la ayudó, ella siempre me pedía un consejo para poder llegar mucho más rápido hacia la capacidad de encontrar esa paciencia con que las tazas de té suponen a sus respectivos platos, es frustrante verla en ese estado, así es Doctor.

Lo sé, tal vez no deba escuchar a la voz que escribe, y mucho menos a los ojos que leen, por si fuera poco, no debo tratar de entender el entrelínea que marca toda la mitad del infinito elevado a la tres, sin embargo, algo se me tiene que ocurrir antes que la aguja se inserte en mi brazo izquierdo; lo sé, tal vez los párrafos del niño y la abuela, de Paco y su esposa, del chico tonto y su novia, lo pueda mejorar, sólo te escribo para que sepas que pueda que termine con una conversación de un Doctor y una enfermera, hablando de otra que está enferma en el mismo sitio que todos los anteriores, lo sé, tiene que ser antes del martes, saludos.

PS: Cuando tengas el resultado final, responde de inmediato, leerte alivia los pedazos de arena que el tiempo marca lentamente.




Justo en el medio del siempre

Basta saber que yo no estaba allí, ella me dicta “justo en el medio del siempre cae la lluvia de verano”, repite conmigo, “allí es el lugar a donde debemos estar”, yo la recorría de pies a cabeza y me quedé poseído por sus impactantes ojos azules, gracias a que volvimos del medio es que entramos en el otoño ¿Ahora entiendes?
Que horrible pesadilla, Julio tienes que escucharla, alguien coge un paraguas y lo utiliza para que el sol no le pegue en el rostro y en ese mismo momento, empieza a llover, por favor qué dices, tómate algo y cállate.

Hermano tienes que leer esto, esta chica le dice al otro chico que justo en el medio del siempre empieza la lluvia de verano y eso es el iniciador del otoño, de verdad tienes que salir más seguido de la biblioteca, no te conviene este lugar, de verdad Hermano, es genial, fíjate, justo en el medio del siempre las cosas acuden solas, me hartaste, voy a dormir.

Tienes que encontrar el modo de que la cumbre se cuelgue cerca de tus ojos, tienes que hacerlo más seguido y tal vez puedas acertar a contribuir con las amenazas que el siempre considera como justas, por favor son las 2 de la mañana, Julio pero mi pesadilla tiene algo extraño, hay que descubrirlo, ayúdame, de verdad cállate.
No es usual, yo quiero besarla, imagino su lengua en mi boca, bien pasada la tarde el crepúsculo se ubica en el medio del nunca y registra lo que conocemos como noche, realmente sería genial verla sin las ropas que trae siempre.

Hermano, de verdad siento que esto es real, podemos ubicar el lugar que describe el libro e irnos lentos por el sendero que marca la lluvia y sus incontables pasos, cállate, no me sigas, cállate por favor.

Vinimos en marcha desde el closet, quiero que siempre lo tengas claro, la precisión sería de mayor a menor, ella me empuja y el dolor es menos intenso, es fría y su ardor repercute contra la gran masa que cubre la luna en esta noche; tenemos que multiplicar toda esta carga con el medio del siempre y obtendremos la capacidad de lo imposible divida por lo absoluto de cada insignia en nuestros labios; 5 veces más y conseguiré lo que quiero.

Vamos esta vez quiero escucharte, he soñado con alguien haciendo el amor y repitiendo “justo en el medio del siempre”, dime qué significa todo lo anterior, Hermano no te diré nada, ya leo otro libro y este se trata de una mujer que asesina a su marido, ella le quería contar una pesadilla y él no quería escucharla, que por casualidad tenía que ver con paraguas y nieve.

Respira profundo y trata de dormir, mañana tengo 8 horas de trabajo, Julio tengo que contártelo de verdad escúchame, el paraguas era de color gris y había una voz de fondo que se incorpora justo cuando el medio del siempre hacía su aparición, no me importa si hay eco o no, duérmete esta vez.

Ángela, hija, despierta, es tarde, tienes que ir a la escuela, Mamá, ¿Se puede soñar tres sueños a la vez? Hija no lo sé, búscalo en la enciclopedia, tal vez puedas encontrar algo. Vitelio, es hora que nos cuentes todo lo que escribiste en tus vacaciones, érase una vez tres sueños que soñaron con un cuarto que quiso relatarme un quinto para que lo expusiera en esta clase como una historia interesante, Vitelio de verdad estamos esperando tu relato sobre tus vacaciones, está bien, yo estaba con mi tía justo en el medio del siempre y los dos en el suelo del nunca soñamos 5 sueños, que dividimos entre 2 y ese resultado nos dio toda la historia de nuestras vacaciones.

De verdad corazón, nunca más tomaré pastillas para dormir, qué me intentas decir Flavio, nada corazón, es que soñé algo horrible, eran 2 novios explicándose sobre unas teorías extrañas, una esposa que asesina a su esposo, hermanos que se caen por unas escaleras y niños que se vuelven psicópatas.

Viste Dement, tienes que escribir sobres tus estudios más seguidos, todo se cumple como lo dicen tus apuntes, los complejos K son sin duda los más fascinantes, tienen la habilidad de trasladarse de un sujeto a otro sin demora alguna, de allí la deflexión genuina de cada par de segundos frente al espejo. Si sigues todo al pie de la letra, tal vez, algún día, despertemos.



Qué recuerdan los recuerdos

La voz de ella revolvía toda la casa, los cantaros de aguas se estancaban en los cojines del sofá y el perro arrancaba las llagas de los libros viejos, yo estaba de lado, semiturbio, en posición fetal y desde allí, sigo su voz por cada comezón, rendija, por todas las paredes; me devuelvo y los ojos me danzan sin contemplación, uno baila un tango y el otro una cumbia; bajo la precaria situación de mantener todo bien cocido la brasa hace estragos en mi piel, todo tiene un sentido opuesto al que la incoherencia devuelve por las noches; su voz cada vez más cerca me abraza y me catapulta directo al inconsciente de usted que lee o de usted que escucha; Hans ven a comer, voy madre; las cuchillas siempre tiene un nuevo plan y lo ejecutan a la perfección.

Al terminar con la basura empiezas a pintar el frente de la casa; yo no recordaba ese recuerdo y me preguntaba, ¿qué recuerdan los recuerdos? Deja de pensar y comienza de una vez con la pintura; yo era el beneficiario de todas las reminiscencias, sin embargo, la pintura no accedía a bifurcarse por la pared y mi pregunta, seguía allí, tal cual.

Los legos de arriba con los amarillos de abajo, los rojos con la ruedas y después derrumbo todo y vuelvo a empezar; Karl recoge los juguetes, si mamá; al terminar y volver a empezar, los rojos estarán debajo de los demás y se verá desde lejos como una disconformidad hecha pieza armable.

Lo siento señora sus hijo tiene que morir, trate de calmarse; de verdad le quedan pocas horas Doctor; sí señora, su hijo tiene que morir; que tonta, su hijo ya está muerto y ella alberga la esperanza de que si los recuerdos recuerdan, él se salvará.
Los niños en esta hoja son los más afectados; la voz me besa uno de mis ojos, su tono interrumpe la comida de Hans, la repetición de su estela se mancha con el frente recién pintado y de poquito, me dice que Karl es el próximo; la mentira dura poco Doctor, por supuesto, sin embargo, ellos no sabrán nada sino hasta que el punto final liquide la hoja y todas la voces que leen y las que escuchan, se van a perder en la misma insólita enfermedad que los recuerdos recuerdan y la llaman en voz baja, Liscosahe.


Regocijo sugerido

Eran 5 balas y 6 personas, el click era la circunstancia que todos querían escuchar; eran 5 días y 6 noches, el barco alrededor del mundo zarpaba en la sexta luna; el juego era fácil, una bala por noche, un bala para cada uno, una bala.

El suplicio era sin duda la ganancia perfecta que los archivos esconderían entre un trago y otro; las moscas seguían en el lugar cada noche; la sangre y la poca luz eran los inquilinos en toda la estancia.

Los ramales que los números ejecutaban son simultáneamente idénticos a las páginas del ejemplar que había leído durante mi último viaje por Hamburgo, sin duda, las más gratificantes de todas. Y después de decir que todo estaba mejor, que durante los días de verano, la chispa se encendía y listo, otro estaba tirado. Lo acomodábamos en su respectiva silla; eran 5 sillas y 6 personas, un boleto, 5 días y 6 noches.

3 balas y 4 personas, 3 sillas y 4 personas, 2 días y 3 noches, era la cuenta hasta ahora. Una mezcla de té con leche y el periódico del domingo. Es un verano perfecto, mis hijos juegan en el patio trasero, el césped esta totalmente cortado, la casa bien pintada y mi esposa satisfecha; la noche anterior hicimos el amor como nunca, sus múltiples orgasmos y sus gritos desenfrenados, hacían de ese momento, el mejor de todos.

El periódico anuncia la historia de 5 hombres en un sótano sentados en una mesa redonda y una pistola en medio de la misma. El periódico titulaba que el trasatlántico Oma, llevaría a los enfermos de Liscosahe por un viaje alrededor del mundo. El periódico informa sobre las repercusiones que se tiene, al reproducir el regocijo sugerido sobre nuestras vidas y sobre su peculiar forma de hostigar, así mismo, ofrece una multiplicidad de elementos listos para ser usados en caso de que los Valentagramas ataquen su patio.

Uno de mis hijos me pregunta por el salvavidas y es allí, cuando me doy cuenta, que el barco zarpaba ese día; sólo quedan 2 personas y una bala. Sólo era acudir, hacer click, ganar, irse en el barco, discutir con los enfermos, salir en la prensa, hacerle el amor a la esposa del tipo que lee el diario, reírse de sus hijos y aprender sobre la Liscosahe y los Valentagramas.


Valentagramas


Una sería catástrofe ofrecía la ruleta de los tipos y la mesa redonda, yo estaba en el patio regando las plantas, me reí de los enfermos de Liscosahe, recordé en es momento, que como era posible que una enfermedad pueda arropar a toda una familia al mismo tiempo y nadie se haya dado cuenta, sino, hasta que el mismo mal los cubría.

Eran las 5 de la tarde; de la montaña bajaba un frío perfecto; las plantas de tomates eran las más abundantes en todo el fondo; yo recordé cada párrafo y ese mismo día compre una protección para que nada pudiera ocurrirle a mis cultivos organoponicos; yo ese día había comido cereal, era el día de mi cumpleaños; yo leí la prensa y las páginas centrales fueron las más desalentadoras, corrí por la casa, subí al auto y fui directo a la agropecuaria.

El remedio era sencillo; había que verter todo el contenido en acido …, para que la mezcla fuera una gran masa, que había que dejar secar, luego esparcirla por cada planta y así cubrirlas con una manta vinotinto que ofrecería la seguridad requerida. En caso de que la masa fuera inconsistente y al dejar secar la mezcla no se hacía polvo, el remedio perdía la calidad y su efectividad.

El pequeño inconveniente eran los efectos secundarios, los implementos que se requerían eran múltiples: un traje que contaba con innumerables piezas, una herramienta para verter el remedio ya hecho mezcla y un brebaje para tomarlo luego de que todo estuviera sobre las plantas, además, había unas recomendaciones: no hacer ruido (el necesario si se puede), no dormir por tres días (tener insomnio en todo caso), lápices y hojas blancas (ir anotando cada paso y mandar por correo los apuntes), hacer una fotografía (era uno de los anexos de la carta) y cumplir con todos los pasos anteriores.

La enfermedad liquidaba todo de un tajo; el inconveniente más grabe era que si se tenía contacto con ella, no servia de nada el remedio; los humanos corrían un gran peligro, la enfermedad era algo parecido al mal de Hansen, las plantas morían con el sufrimiento del vinotinto cubriéndoles todo su ser y trozándolas en fragmentos muy pequeños; mientras que los humanos sufrían convulsiones y un malestar general, su organismo empieza a despedazarse, tanto la piel como los órganos internos. Todo de un tajo.

Yo estaba en mi casa, la guía médica me llagaba por correo cada viernes, me sentaba en la biblioteca y leía sin parar, siempre en la noche. Dos enfermedades aniquilan a cientos de personas; una era descrita como una copia inexacta de la Lepra, debido a su parecido en pequeñas proporciones, sin embargo, su gran violencia tanto externamente como internamente, lo hacían única. Había que tener contacto directo con las plantas afectadas por dicha enfermedad; la siguiente parte de la guía, se refería exclusivamente, a la otra enfermedad, pero no hacía mención a sus síntomas sino, a su ejecución sobre la mente humana.

Al terminar de leer, le conté a mi esposa, ella sorprendida, me dijo que había visto al vecino con unos implementos extraños en el patio y que le había dicho que tuviera cuidado con las plantas, ¿será qué el vecino me hacía mención a todo lo que me has contado Nikolai? Ese tipo esta loco, realmente creo que un psiquiátrico sería su lugar preferido.

¿Amor, leíste sobre el caso del medico y sus esposa? No para nada, ¿dónde esta la prensa? Sobre la mesa corazón; es un caso extraño escribe el periodista, su casa fue clausurada y puesta en cuarentena, al parecer una enfermedad los arropo; voy a leer, tráeme una taza de café a la biblioteca por favor.
29 marzo 2010

Cuentos Absurdos

*James


Era fácil saberse fuera del campo en que todo tiene algo apreciable, era muy fácil. La dramática situación de las lágrimas, el dolor colgado de cada ojo y en las puntas de las pestañas, el llanto a punto de estallar. Todo tenía un lugar en particular y así, la peste entra y sale como un inquilino cualquiera.

Era fácil saber quién sería el próximo, era muy fácil. Los hechos se transforman igual que los colores de las flores, la catástrofe junto con el recorrido (por demás habitual).


Los muertos eran siempre un modelo a recortar, partían muy rápido. James no contó la cantidad de veces, que el mismo, cargo algunos féretros en una de las salas en especial.


El desprecio por el silencio hace que los ecos sean pretensiones muy altas del propio James, que sin lugar a dudas, disfrutaba de todos los sonidos. Era muy fácil. Las escobas se sitúan en el mismo lugar donde las modestias son recogidas por los pétalos de cada flor muerta. Y allí, en ese instante, en que el llanto induce a la pena y esta última liquida al maldito tic tac, James barre sin parar.


Una dulce agonía se repite; el sonido de la campana permite que otro sea el caso; el chocolate viene y va, el llanto lo acompaña, lo arropa en su trayecto y en el lugar donde la soledad cruza con la melancolía, James recoge la basura.


Basta saber que era muy fácil, James barre y limpia en el lugar de paso de muchos muertos. En el mismo lugar, donde ya compró su estadía de paso.


*París se quema


París se quema, se quema París

París se quema, se quema París


Las niñas saltan de un lado a otro, alrededor hojas secas, la brisa las arropa. Era otoño. La tarde solapa a las cortinas, y en mi ventana, las pequeñas, como si nada ocurriera, seguían allí, tal cual.


Entre un salto y otro, el piso fija las condiciones de permanencia en el lugar; la acera gris-fría, puntualiza la mejor de las tareas; el juego y el canto inocente, la premura y la fantástica iniciación del final.

La catástrofe me sobrevino junto con las cenizas de mi sexto cigarrillo. Dentro de mí, la disputa empezaba a quemar todo. La peste es cercana a los pasos y éstos a su vez son inmediatos a la muerte.

Las tres líneas que sobresalen de cada concepto impuesto por cada lado, hace que las niñas sean una tonta visión. Mientras todo se quema, el humo del décimo cigarrillo hace su aparición.

La individualidad del hecho propone una larga lista de extensiones, que los pasos y su cualidad de contarse, ejecutan lentamente dentro de mí, fuera de la ventana, en cada salto de las infantas.

Todo arde, las niñas corren de un lado a otro gritando, mis gritos se les unen; los muebles y la maravillosa vista, quedan reducidos a un intenso dolor; no hay esperanza, nadie puede salvarme.

Al terminar de escribir, el cenicero, lleno de cenizas, me anuncia el fin de la jornada; el aire entra por las ventanas y la máquina teclea sin parar desde el otro lado de la habitación.

París se quema, se quema París

París se quema, se quema París



*La hija del Rey


Una lista subrayaba todos los nombres que irían ese día al laberinto, el asistente real colocó la lista en la puerta del palacio. Todos los súbditos la mañana siguiente tendrían que buscarse en la lista, armarse de valor y prepararse.

Nadie volvía; eran ya dos años sin la princesa, ella se perdió en él y cada dos meses el Rey hace una lista para buscarla.

Yo era el número cinco de una lista de diez. Rey estupido, me dije en mis adentros; por más que quisiera negarme no podía, el que por alguna razón (fuera cual fuera) se negara, lo asesinaban sin contemplación.

Entré al laberinto, poco a poco las paredes cambiaban, los pasajes cada vez se convertían en otros y las bifurcaciones me dejaban sin aliento. Los gritos eran el eco eterno; la sangre en muchos bloques me hacía temblar. En una de las aberturas, vi cuerpos descuartizados, seguí mi camino y la encontré, era la princesa, ella, ya no era tan hermosa, su vestido estaba bañado de sangre, sus manos ya no eran igual, a su alrededor tres cuerpos deshechos.

Ella se me viene encima, corro por muchos pasajes, tropiezo me levanto y sigo; perdido, sin saber a donde ir, el eco de gritos me seguía, la sangre tiñe mi piel; dejo de ver; dejo de escuchar y en el momento en que todo vuelve, esta encima de mí, desgarrándome uno de mis brazos.

Luego de dos meses, el Rey acepta otra lista, el asistente real la coloca en la puerta del Rey, yo sigo en la enumeración como si nada hubiera pasado, como que el tiempo repitiera ese momento, eternamente.



*Las hojas de los árboles


Luciano corría sin parar; detrás, la mujer que era hasta hace algunas semanas su mayor anhelo. La causa de su escape era bien conocido, ella los envolvía y los aniquilaba sicológicamente; que bueno que el chico pudo huir.

Desde el banco número 13 de la Plaza Central, yo mismo los vi, el espectáculo era algo enriquecedor; lo admito, me reía sin parar.

Al confiar en que la última palabra siempre es la mejor, el narrador vuelve la hoja y sus ojos sucumben al instante donde las líneas lentamente arman los párrafos que sugieren muerte.

Al pasar la hoja sentí que debía aumentar el nivel de sarcasmo con que se dicen los primeros enunciados. Y en ese momento, me sobrecogió la triste escena de las hojas derrumbándose. El árbol sin poder hacer nada, llora.

Desperté, y soñé que había soñado con alguien escribiendo la historia de otro más, me sobresaltó la mención del escrito, era en primera persona, y de verdad, allí desperté exhausto, como si había estado corriendo.



*Escalones


La cama enorme con sábanas blancas; el cuarto acogedor con tapices viejos; hicimos el amor por horas; al llegar la noche, tenía que irme la guardia de las 8 era mía – por más que quise quedarme no podía- estaba a cargo de la sala de emergencia.

Son 23 escalones desde la entrada del edificio hasta la del apartamento; sólo ellos, son los que me separan de llegar más rápido y estar con ella. Ese día llovía; Ana había hecho chocolate caliente, luego de varias tazas y una larga despedida, bajó por los escalones, subí al auto y voy rumbo al Hospital Central.

Termino el punto, subo 10 escalones para llegar a la azotea, enciendo un cigarrillo y comienzo a pensar, como el médico al final del cuento, liquide a su novia, poco a poco.


*Entrelíneas

El anuncio de la muerte siempre es enigmático, los enunciantes acuden al drama y dejan de un lado la sátira, previniendo de alguna forma, el encuentro cercano con lo que relatan.


Era muy hondo el hoyo; la tarde les caía encima y las campanas sonaban de fondo. Siempre suenan cuando alguien muere; es verdad, que se le puede hacer, sigue cavando y deja de hablar.


Al avecinarse el final del día, una lámpara los acompañaba. Ya casi no veo, ¿Hasta cuándo vamos a cavar? Cállate y sigue cavando.

Las palas ya no relucen como antes, la tierra cada vez más oscura los abrazaba y la luz se extinguía poco a poco. Una de las palas golpeo algo que parecía un metal debajo de la tierra. Revisa tal vez sea un tesoro. Cállate, hazte a un lado, voy a ver que es.


Las circunstancias siempre llevan al anunciante a descubrir una verdad alterna que la muerte no propone y es allí, cuando las amenazas suenan igual que las campanas de la tarde.


Entre la oscuridad y la pequeña luz de la lámpara, sacaron lo parecía un cofre, al abrirlo toda la tierra que habían sacado se les vino encima.

Al cerrar el libro, pensé en toda la historia, fui por un vaso de agua, subí al banco y coloqué la cuerda en mi cuello.


*Infinito imposible


La Biblioteca Central es enorme, la consecución de anaqueles parece interminable. Eran las 2 de la tarde. La catapulta de ideas me sobrevino con una taza de té:

La fascinación de lo imposible, vuelve una y otra vez; las bases que la penumbra nombra, me arrancan el pelo, lo convierten en una peluca victoriana, en una fase desligada de la incitación rehecha desde el inicio de lo imposible.

Así, sin más, él siempre me aseguró que el concepto de tres líneas sobre lo imposible que la fascinación tiene con el tiempo, es desigual, y comprendí en tres líneas, que nada tiene un resultado tan evidente como la muerte.

Puntualizo y cierro, siempre en la mitad del infinito, que es otro extremo. Y así las mitades se convierten en algo que no comprendo y los tres párrafos se convierten en el absurdo perenne de la palabra imposible.

Al final, termine el té, me dispuse a seguir con mi lectura. Eso sería más efectivo, elegante y mucho más inteligente.


*Film


Estaba fascinado con la película, no apartaba mis ojos de ella; el refresco se calienta, las cotufas se enfrían. Ella me dice que le de un beso, yo, ensimismado con el film, la ignoré, se levanto, se fue por la penumbra.

En la pantalla, una chica bofetea al protagonista, siento el golpe, él tiene que morir, la película no será la misma; todos en el cine gritan, la chica saca un cuchillo y lo apuñala. Yo, en mi asiento, absorto, me desangro.

Corrí por la lóbrega sala, todos me ignoraron. Ellos conmovidos por la película, lloraban, y su llanto era el mío, me desangraban lentamente, grite, y los aplausos del final, enmudecieron todo. El filme terminó y con ella mi vida.

Desde mi asiento observaba el final, abstraído, no comprendía como la chica se fue de la sala de cine, como no la seguí, no le pedí perdón y no volví a ver el film con ella. Nunca lo comprendí.


*El recuerdo


Suena el reloj y el péndulo insistía en correr hacia la casa del vecino. El perro ladraba sin parar, las mariposas sobre las flores, las hormigas en las montañas de azúcar que había en el suelo.

Era martes, lo recuerdo; la encontré tirada en el piso, la puerta abierta, un frasco cerca de su cabeza, había mucha sangre; era de tarde lo recuerdo, el reloj daba las tres en punto, las canción de la radio era triste, la temperatura era muy alta.

Al finalizar el entierro, me quedé solo en la tumba, lloraba y llovía, era jueves, lo recuerdo; surque las calles del cementerio escuchando dentro de mi la misma canción de esa tarde.

Fue en un instante lo recuerdo, el reloj sonaba, las hormigas surcaban el azúcar del piso, las mariposas en las flores y yo, con la escopeta en la boca, halo del gatillo. Era martes, lo recuerdo.

Luego del disparo ella me grita y sentados frente a frente me pregunta si quería dos cucharas de azúcar o una sola; las hormigas seguían allí, las mariposas también, y la canción de la radio era la misma. Era lunes, lo recuerdo.


*La bailarina


Permanecí encerrada durante todo el tiempo que el mismo respirar duró, tal vez esos instantes fueron suficientes como para escuchar a Chopin internamente y salir bailando por todo el piso abandonado, el 35, justo donde me hizo el amor hace días; justo donde me dijo que me amaba y justo donde lo vi con otra mientras le decía “te amo” al oído.

Permanecí quieta por un segundo, el piano sonaba tan perfectamente, que parecía que el pianista estuviera al lado tocando sólo para mi; en ese segundo lo descubrí, el vidrio estaba cerca, con la misma hacha con que le partí la cabeza, rompí el vidrio y salte.

En el aire, feliz por todo lo anterior, seguía escuchando a Chopin, seguía danzando como si la muerte fuera a darme una segunda oportunidad. Y allí, justo cuando la melodía se detuvo, el concreto estaba al frente de mi cara.




*Av. la paz


Bajo el abrigo de la noche, bajo las ramas secas y el crujir de las hojas en el suelo, todos vienen a saludarme. La paz se convierte en la guerra que se anuncia desde mis ojos. Por todos lados veo a jóvenes drogándose, ninguno escapa al terrible mal que les depara la paz.

La puesta de sol me trajo y los pasos, por muchos que sean, sigo en el mismo lugar, con drogadictos en todos los vértices y singularmente empiezan a surgir nuevos acompañantes, el sendero se hace enorme y su profundidad, infinita; todo, absolutamente, se convierte en escenas saturadas.

Veo ratas comiendo de un cuerpo, veo cuerpos desconocidos esparcidos por toda la grama, veo... sin duda mis visiones me atacan en el punto exacto. Desconfió de todo, ¿Qué es real?, sigo con mis visiones y estas me llevan a una horca, a la cuerda, un cuello, mi cuello, mis manos colocándome la horca poco a poco.

Sigo el sendero y mi recorrido es imaginado por otra alucinación; los árboles son más frecuentes, tengo que parar, calmarme, inyectarme, sentir; todo acaba al inyectarme, sigo mi viaje y todo resulta mejor así.


*Rattus


El "Bienvenido" me anuncia el inicio; sintonizó emisoras para actualizarme y saber algo más de la ciudad. De pronto, todo se vuelve negro, la calle esta llena de ratas, la enfermedad me arropa, la muerte me muerde; poco apoco mis sentidos se desvanecen. En el suelo, en segundos, Ratas por todos lados; en el suelo, en segundos, la muerte viene a morderme.

El noticiero anuncia que ningún ciudadano tenía que salir de sus casas para evitar contaminarse. Ya es tarde, la lóbrega negrura me envuelve y el noticiero termina, en seguida, música...


* En coma


Despierto y analizo el sueño; era fatal, estar en tanto espacio sin nada alrededor a sabiendas que no existes y que la mayor pregunta de tu vida no es contestada; solo, sin respuestas a las interrogantes de la mujer que yo mismo soñaba, me pregunto ahora ¿Quién soy? ¿Por qué estoy en este lugar? ¿Qué es real? ¿Soy un sueño?>

"Nadie conoce la respuesta doctor, los pacientes en coma y con más exactitud los de grado 4, lo único que pueden tener es el nada por completo" Doctores del Hospital Central.


*El joven secuestrado


Antes del disparo, todo era blanco. Antes del disparo, la cara se animaba con sus mejores gestos. Antes del disparo, el joven secuestrado quería volarse los sesos y luego, el silencio.

Todo comienza antes de que el disparo iniciara. La estancia enorme en el viejo sótano, tapizado desde los 70; la casa cruje y los relojes en cada piso resuenan. Roger entra con el saco de armas seguido de Jhon; el primer piso se ilumina y toda la muerte susurra bajo las puertas. La sala y sus arabescos, con muebles extraños por varios lugares de la habitación, tejen la entrada de Jane que por todo el ruido entra y ayuda con las armas, las colocan en la mesa principal. Las armas eran de adorno, todo buscan sus estancias y estas quedan en la mesa igual que fueran un florero cualquiera.


En el primer piso, Roger prepara la cuerda para suicidarse y Jhon, yace muerto por pastillas en su cama; Jane sale de su cuarto y buscas las armas, baja al sótano y las colocas en orden encima de una mesa. El joven secuestrado tenias una opción, ese día podía morir. Jane escoge un arma y sale del sótano. En minutos, se escucha un disparo.


El joven secuestrado, maniatado en las piernas y herido en una de ellas, casi pudriéndose. Escoge una pistola pequeña, se la lleva directo a la sien, en el mismo instante en que el único sonido es el crujido de puertas y el tic tac maldito de los relojes; el joven se dispara y cae en la pared falsa que contiene a la cara y a sus gestos.


*El Piano


Durante horas estuvo tocando el piano, tocaba sin que nada ni nadie lo interrumpiera y mientras, la casa devoraba al silencio, los muebles se estancaban en lugares fijos.

La señora servía el té y escuchaba el sonido intenso del piano. El señor tomaba té, leía el periódico y escuchaba el piano; los dos, de cara a la enorme chimenea de la sala.

Cuando cae la noche, el piano se detuvo, Frederick se truena los dedos y sube a su habitación se recuesta en su cama y los señores suben y lo atan al espaldar de la misma. Pasan horas y Frederick no puede dormir, el sonido del piano sigue en el, sus dedos no paran de moverse como que ellos son los que producen todas las melodías; el ruido de los dedos en el espaldar no deja dormir a los señores; regresan a la habitación y le amarran los dedos, ya no podrían moverse. Frederick por fin puede dormir.

El día es claro, las cortinas dejan entrar el sol a la sala, todo se ilumina y el piano se puede ver; mientras, los señores desatan a Frederick, este, vuelve al piano, se truena los dedos y empieza a tocar, esta vez, la melodía era más rápida y más triste. Los señores vuelven a sus sillas en la sala, cerca de la chimenea y toman té, mientras, escuchan el sonido del piano.


*Un pequeño instante


Las rayas marcaban el paso; el negro de la noche se disipaba con las luces del auto. Todo se vuelve una maraña de árboles, y allí, justo donde la oscuridad se me revela, me detengo, las manos en el volante; la lluvia en el parabrisas; pensé en quedarme en la oscuridad, en exiliarme con el silencio y buscar un suave aguajero donde pudiera estar para siempre.

Soy la misma en la carretera. Soy la misma. Mis errores me siguen igual que las rayas. Todo, absolutamente todo, es igual. Tengo que acabar con la agonía y permitir que el tiempo continúe.

Salí del carro sin pensarlo mucho, esperaba que un auto pasará y me atropellara y que en ese pequeño instante, mi voz, se disipara.

Un gran estruendo se escucha al final de la carretera, las luces me ciegan por un segundo; el ruido de las ruedas al frenar, me hizo pensar en el fin.

Sigo con las manos en el volante; los truenos y la lluvia continúan cayendo, suspiro y continuo como si nada hubiese pasado.


*Pequeña familia


El invierno era enorme, mi padre nos había convocado ese día a la casa; la cena estaba servida, había algo extraño en su propuesta. Eran las 7 de la noche y mi madre me ayudaba con el vestido, mis hermanos ya estaban listos; era una noche algo peculiar, lo alemanes estaban bombardeando y aniquilando a muchas personas, era la navidad de 1939.

Me llamo Lis… soy la hija mayor de tres hijos; mi padre es dueño de una fabrica de botones, mi casa quedaba en las afueras de la ciudad; la servidumbres también comería con nosotros; mi padre me asustaba, su respiración y sus extrañas miradas, extendía la extrañeza de la cena.

Al sentarnos, rezamos, le pedimos a díos por todos los muertos y por las personas desaparecidas. Al empezar a comer, mis hermanos eran unos bastos y desastrosos, comían como si se la fueran a quitar; mi madre era muy educada, se mantenía firme en su asiento y los hacía enderezarse. Una vez que terminamos la sopa, mis hermanos se quejaron de sueño y de dolor de barriga, quisieron dejar la mesa e ir a sus habitaciones, mi padre los obligo a quedarse y seguir con la cena.

Durante el plato principal, mis hermanos y yo misma empezamos a vomitar, el dolor era enorme, mi padre nos veía con lágrimas en sus ojos, mi madre gritaba y dos de las chicas de la servidumbre habían caído al suelo. El chofer quiso levantarse y callo abatido del dolor. Mi madre educadamente siguió en su asiento retorciéndose del dolor.

Era navidad. La nieve caía lenta, los muertos en la calles eran muchos; sin embargo, en mi casa todos estábamos sufriendo, mi padre nos había envenenado, el no quería que la guerra tocará a nuestra puerta, lo que nunca pudo imaginar, era que su propia guerra aniquilaría a toda su pequeña familia.