11 octubre 2010

Personaje principal del libro

Tal vez no recuerdes como has llegado a esta página y tal vez eso no sea importante. Quieres de cualquier manera entender por qué lees y allí despiertas y vuelves sin ninguna oración en la cabeza, en cero, en nada, como los enfermos, como los de coma.

Te sugiero que te vueles la cabeza y de una vez me dejes entre los peces de plata, entre el polvo, en alguna gaveta o entre la basura, al fin y al cabo no existo, lo que sí es verdad, es que vuelvas a leerme y yo vuelva a parecer entre los párrafos, cruzando una metáfora y convirtiéndola en una parábola que tu no entiendes; en ese momento es que los dos saltamos al vacío, claro, el mío no existe, en cambio el tuyo, es uno evidentemente estudiado por tus partes.

No sé qué hora es, ni siquiera sé que son las horas, la digo porque tu mismo mueves mi boca y dilatas el tiempo para que yo esté allí siempre en el mismo libro, con la misma situación y antes del final te dirás – ah pasara esto u lo otro – pero no, sucede de que no pasa nada, tu despiertas y yo no finalizo nunca, es la maldición de la espiral.

Me prefieres y también me ignoras por Borges, – que delicia – te dices y empiezas a comparar y allí me cambias una y otra vez hasta que me pierdo entre los demás, hasta que un día ya viejo, vuelves a buscarme y me dice en susurros (claro ya tu voz no es igual) – todavía no te he terminado de leer –.

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