01 octubre 2010

Usted

Entre la maleza, busco el punto exacto donde me perdí. Allí, me encuentras. Tejes cada paso que doy. De alguna forma creo que mi vida es verdad. Corro por todos los puntos y ninguno quiere regalarme el momento inexorable en el cual, tus ojos, me llevan. La construcción es personal, parece que atraigo a los insectos y por si fuera poco, arriba de mí, una pausa es el instante que queda antes del amanecer. Ese instante que usted arma lentamente.

Parece que igual que antes, no podré encontrar lo que estoy buscando. Soy el mártir que su cerebro construye. Tal vez en el algún sillón. En alguna banca. En el bus. En el interior de una celda o en la cama de tu madre. Tal vez seas la invención que la realidad de esta orilla, hace pistillo y rompe los pétalos lentamente, sin planes, sólo los ejecuta con mucha calma.

Al correr, el viento me dice que no existo. La solución perfecta no me sugiere una salida. Y allí, en el momento en el cual usted pasa la hoja, despierto en la hierba, seguido con la nostalgia, sigo sin encontrar lo que realmente busco y usted, sigue leyendo como si nada pasará. Este era el proceso que realmente no podía seguir. Todo se tergiversa y sigo corriendo tras mi punto.

Las páginas suenan igual que los pájaros y usted, hace un guiño. Parece que realmente quieres que nada se termine. Quieres seguir construyendo toda esta historia y que las líneas piensen en los párrafos que voy a teatralizar. Justamente ahora, irrumpes en mi vida, como si fuera poco, hay un personaje en una banca cercana que me mira detenidamente, al pasar frente a sus ojos, me empieza doler la cabeza.

Los pájaros suenan la música que las hojas le dictan y el tipo de la banca, cierra los ojos. Despierto, sigo en la maleza, buscando el punto exacto donde me perdí. Y usted, es el tipo, es las líneas, es la música, es la muerte.

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