23 diciembre 2010

Amiga

No estoy dispuesto a perder. No sería lo mejor. Lo seguro (si es que la realidad viene de ese modo), es que no tengamos una mejor escena que la del tipo y su cuello roto en partes por la cuerda. La silla derrumbada, como muriendo de risa. Y todos los muebles de la sala asombrados por el final y la apuesta del calendario.

– Amiga cuándo vamos a terminar de concretar lo nuestro. No puedo perdonarte que no lo hayamos hecho antes. Es muy importante, por favor contéstame de inmediato. Estaré en la misma dirección.

Antes de que todo siguiera, él era el tipo más afortunado de todo el lugar, su suerte era la de disfrutar por completo de una estructura diferente al actual régimen de circunstancias. No era la liquidación de lo imposible y menos una tolerancia con el jazmín. Había que discutir con él y asombrarse por completo. Relacionar a las venas con el coñac y que el agua se convierta en una infusión de números, era la diversión más grande.

– Amiga no tengas miedo, lo último que quiero es que te conviertas en la remitente aniquiladora. En la que lee y reacciona al momento de que el último punto cruce por su cerebro. Sigo analizando lo que me has dicho, lamento no tener una respuesta. Mi vida esta inmersa en que entiendas todos los conceptos. No puedo escapar, tienes que darme más tiempo

Cuando estuve frente al cuerpo, no parecía una escena. Era una catedral llena de algo inmenso. Los árboles se mecen poco a poco y el trauma de días viene a confrontar el imposible de su nombre. Tal vez, un minuto de mi tiempo, hubiera sido ideal, y él, seguiría escribiendo.

– Amiga, no puedo contestarte más. No es posible. Mi tiempo (si es que también escuchas el tic tac), fue inventar respuestas para que tus preguntas fueran cada vez mejores. Que mal es estar atado al lugar de la brisa licuada. Es horrible encumbrar la rehabilitación infinita de partes y además, es una pena que seas la última versión de la belleza.

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