01 diciembre 2010

Los trenes

Sus nombres siempre se iban en los rieles y el tren de la 5. Nunca pude verle las caras, ella siempre se cobija en mi sofá y me confiesa lo sucedido como un cuento. Me suelta la indagación de las escenas y las imágenes ruedan por toda mi estancia, ellos la besan, le hacen el amor y ella toma té cerca de mi pecho. Empecé a sentir que era culpable, tal vez tenía la maldición de TÁNTALO.

Era hermosa, sucedía como en sus cuentos, luego de que terminan, ella siempre se va en el último tren. Su té queda intacto y mi pecho entra en un frío aterrador. Tal vez si es cierto y ella ni siquiera existe, me veo desprovisto de sus ojos marrones y me voy como los nombres de la primera línea.

Al volver a mi apartamento, ella se sienta. Ya no llora, me mira fijamente y me dice: no eres unos de esos nombres. No eres nada. No quiero volver y no quiero que sigas haciendo té. Se fue por la penumbra y la puerta quedo abierta. Las velas eran hermosas, el olor y el humo del incienso, eran el trauma que no quería. Saber de ella era la verdad de los rieles, el tren de la 5 era mágico y los nombres se salvan al entrar al andén.

Recordarla es intentar escribir el dolor de los vagones y su silencio de metal. Es la parte imposible que las canciones sufren y además, es una tortura que ni siquiera puede llevarse a cabo. Ella sin duda, lo sabe.

Que bueno es despertar. Saber que soy su sueño favorito y ella es la misma que tú inventas.

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