19 diciembre 2010

Tengo la muerte atada a la muñeca

Tengo a la muerte atada a la muñeca. Es una solución que gotea sin fin. En las tardes, las arpías cruzan mi estancia, revisan mi pulso y me añaden a su lista. 

Al despertar, sigues durmiendo, te juntas con la muerte y te ríes en tus sueños. No hay más conveniencia que lamentar. Las gotas continúan y tú regresas a leer.

Paso por la sala de números, cerca de la casa de muñecas, en ese lugar los asteriscos persiguen a los guiones y la lista se nombra. Mi apellido se pierde en las voces del pasillo. El quirófano suena como los semáforos, como las chicharras. La cuenta prosigue con oxigeno y no hay una vuelta al inicio.

Cruzo tu sueño y trato de entender la revista de la mesa. En el cuarto piso, con la muerte atada a mi muñeca, despierto, de verdad, sigo en tu sueño, tratando de suicidarme.

No hay comentarios.: