26 enero 2011

Me detengo
la piel calienta el miedo
la cena será incertidumbre
y el postre una lámina pintada de negro

elevo esta vida con hambre de cielos y flagelaciones desiguales.
Me detengo
la voz me susurra en los poros
me grita el vértigo de lo simbólico y me atraviesa
Llueve
y las gotas rechinan
en este sueño de cinco dedos
alcanzarte no es el error de cualquiera
sería definir con una lanza
lo que tengo en mi costado inconfundible.

Escampa
sin contemplación
con el tufo de la fosca y la llave del grifo.

 Carlos acuña /   Noe palma (entra en su blog)

La Otra y La Contigua

Revuelvo los estantes y concilio con el polvo; insisto en recuperar el tiempo que las llagas poco a poco me robaron. Resuelvo todo en un solo acto. La catapulta de ideas me sobrevino justo en el instante donde las paredes caen de un lado a otro en la habitación Contigua. Resuelvo la fascinación y permito que esta venga a visitarme en premisa con el dilatado tiempo.

Las palabras eran el eco del siempre, la respuesta da una faculta casi adquirida en la memoria de esos que suelen contar una que otra vez, sin estar en disposición de reembolso. La habitación de este lado era más grande que La Otra, una desatina con la mayoría de las atenciones de sus inquilinos, la siguiente bifurca sus pensamientos y los convierte en el polvo del estante.

Era mayo, el almanaque tenía la fecha que la habitación repite como tamo, dentro de La Contigua existía una continuidad casi inseparable de la desentonación que el mismo desfase hace siempre. Una de las razones carentes de toda lógica, era consignar una preocupación diaria a cada habitación, arrancarnos las llagas, cubrirlas de sal y lanzarlas igual que las preocupaciones.

En cada una de las dos, el reloj tiembla de frío, congela sus manecillas y sus engranajes. Hace añicos su puntualidad y convierte a los instantes en todos los instantes. La señora dueña de La Contigua, era la misma dueña 50 años atrás de La Otra. Ella, en la segunda, podía escuchar a la primera con una capacidad que sobrepasa los años. Las dos, se unen a toda una cadencia de decepcionantes iniciaciones sin marcharse de ninguna.

Revuelvo todo y congrego la mitad de la ceniza que los estantes vienen a darme en esta noche que se vuelve día. Escucho las preocupaciones y de un lado, La Contigua juega a fusilar a sus muebles. Las balas traspasan la pared y congregadas en esa desentonación de tiempo, hacen una cualidad casi inaudita que desde La Otra, no puedo entender. En momentos, las dos revierten el paso y los pisos se convierten en fruta picada; la señora se vuelve joven y con las balas justo al frente de mi cabeza, caigo muerto en La Otra y La Contigua, 50 años atrás.
24 enero 2011

Decepción


Y si fuera mi amiga por un momento, tal vez ya me hubiera matado, bien muerto entre las cortinas y el crepúsculo que el cazador tiene atrapado en su sótano. ¿No lo has visto? Es hermoso, tiene pájaros de fondo, uno que otro perro, un sapo y una antena con chimeneas de un ladito, del otro lado está la luna con una pequeña nube, perpendicular está usted, en una piedra, leyéndome, y yo, intentando ser mi amiga, me vuelo la cabeza en uno de esos edificios del crepúsculo antes mencionado.

Que mal que no sea mi amiga. Sigo aquí, tratando de hacerte entender que no existes, que los dos, somos una estupidez hecha líneas, hecho sueños. Hacerte entender y asentar con la cabeza desde donde me lees.
22 enero 2011

Saltando la cuerda


Una palabra basta. Tan solo una y usted sigue allí, siguiendo cada letra, como si fuera a encontrar una respuesta para tu caos interno. Pero no, nada, un cero, una perfección de simulacro.

Una palabra basta. Tan solo una y usted sigue en el párrafo, tratando de entender el anterior. Buscando la entrelínea que no existe, de nuevo indagando una respuesta, una situación que te salve. Lo siento, ya lo he hecho y sigo tras el silencio que he inventado por idiota.

Una palabra basta. Tan solo una y usted sigue en su cárcel, en los asteriscos que la página narra, además, sigue queriendo despertar, cómo si conocieras a mi amiga y para colmo te ríes, cuestionas mis argumentos, te dices –todo esto es una basura, por qué sigo leyendo. Es cierto, al final, sigues leyendo.

Una palabra basta. Tan solo una y te cuelgas en mi sueño, yo sigo en el de mi amiga, que salta la cuerda con la muerte.
21 enero 2011

Ella, usted y mi amiga


Y estoy detrás de las etapas, como quien espera a la muerte en su pequeño calvario interno. Por supuesto ella lo sabía pero igual me quería, era como una flor que regala su polen a las abejas, no le importa, ella lo hace porque me quiere.

Me quiere y me teme, me suelta en la habitación, me lanza comida, me deja en la oscuridad y al final del día, me dice buenas noches. Me ama, eso lo he sentido, es como una enfermedad nueva que se instala en las paredes de mis tejidos, en las orillas de cada temor que no tengo.

Y estoy detrás de todas las fases, como quien espera morir lentamente en el abrazo que la cuerda tiene. Mi piel siente sus pedazos, es una fascinación que no puede describirse bajo tus parpados.

Lo siento, tal vez si seas de verdad y yo sea la falsedad tras el sueño de mi amiga, tal vez todo sea tan real y al final del punto, usted se ría leyéndome, hasta que olvides por un momento, que también eres mentira y terminarás en una fosa.

18 enero 2011

Lados

Por alguna razón extraña, usted esta de aquel lado con los ojos abiertos. Sin explicación racional, imagino que por un momento soy igual a ti. Me veo leyéndome y cuestionando cada punto, como si eso fuese a salvarme.

Que ejercicio más gracioso, entre tanto imaginar ya no creo que sea yo, no me creo. Por un momento, piénsalo, no suena tan descabellado.

Estas de aquel lado, sonriendo. Al final vienes y ves. Al final vienes y lees. Al final sabes que no has entendido y sigues de largo para no ocasionar un estimulo de acción y reacción.

Que ejercicio más gracioso. Imagina por un momento que puedes entender, que realmente tienes el control. Imagina que tus pensamientos mecen las hojas y empieza la matanza.

Pobre de ti si sigues por este lado, mejor te quedas de aquel y resuelves seguir, seguir y no entender, seguir y reír, seguir y tratar de que mi amiga no me sueñe y yo, yo no lo haga contigo.

13 enero 2011

La tinta y la invención del dolor

También hemos inventado el dolor. Si lo hemos inventado. Somos tan idiotas que no se nos ocurrió otra cosa, pudiendo inventar los besos o los abrazos, inventamos el dolor. Ponemos la calma antes que a nuestros huesos, recurrimos a comparecer ante su sombra y hemos caído tan bajo, que no obedecemos a los sueños. En fila nos metemos hasta llegar a las lágrimas.

Suena la música triste de fondo, seguimos el compás como si fuera la mejor melodía del mundo. Nos situamos del lado de las notas bajas y con la peste entre nuestras costillas, lamentamos tratar de entender toda la pasión por la taza de té y sus platos.

¿Es realmente tan difícil creer qué no existes y qué además, crees en el dolor que nosotros hemos inventado por idiotas? Resulta una evidencia todo lo anterior. Sigues en el sueño de mi amiga y en la línea armando las palabras, la tinta se seca tras de ti y listo una sombra y listo un nombre y listo estoy yo y listo estas muerto.

Manuscrito hecho en un barco de papel

Voy en el barco surcando el río (igual que en el libro de Conrad), todo es de papel. La diferencia de materiales hace que las líneas sean eternas, llegamos hasta lo imposible del nombre y la incapacidad que tiene el infinito al contarse. No podemos utilizar las pausas, ya no hay el abrigo de los puntos suspensivos y mucho menos la descripción que se hacía entre comillas.

Al cruzar el corazón de las tinieblas, nos invade la misma similitud que a su protagonista y vomitando, me retuerzo entre los asteriscos.

El bosque parece una poción reticulada por la profundidad que la habitación compone. Nos quedamos hasta que todo llega a ser un pistilo, una parte errada de las cayenas.

Desde aquel lado, sigues vomitando barcos de papel. Has alcanzado la destrucción que el tiempo desarrolla. Y desde aquí, puedo oler las cortezas de los árboles y la tierra mojada.

Lamentablemente nada llega hasta el punto de partida. Mi amiga es quien armo el barco, es la que me crea y ella misma me mata.

Ella, usted y mi amiga

Y estoy detrás de las etapas, como quien espera a la muerte en su pequeño calvario interno. Por supuesto ella lo sabía pero igual me quería, era como una flor que regala su polen a las abejas, no le importa, ella lo hace porque me quiere.

Me quiere y me teme, me suelta en la habitación, me lanza comida, me deja en la oscuridad y al final del día, me dice buenas noches. Me ama, eso lo he sentido, es como una enfermedad nueva que se instala en las paredes de mis tejidos, en las orillas de cada temor que no tengo.

Y estoy detrás de todas las fases, como quien espera morir lentamente en el abrazo que la cuerda tiene para mí. Mi piel siente sus pedazos en la soga, es una fascinación que no puede describirse bajo tus parpados.

Lo siento, tal vez si seas de verdad y yo sea la falsedad tras el sueño de mi amiga, tal vez todo sea tan real y al final del punto, me cuelgue y usted se ría leyéndome, hasta que olvides por un momento, que también eres mentira, que también terminarás en una fosa.

11 enero 2011

La invención del silencio

Hemos inventado el silencio, si lo hemos inventado. Somos tan idiotas que sólo eso se nos ocurrió, pudiendo inventar los abrazos o las caricias, que todavía no las habían patentado, inventamos el silencio.

Y nos vimos invadido de todas las cosas patentadas y de un momento a otro, nos hicimos famosos, entre la brisa y las ventanas esparcieron la noticia, justo allí, la guitarra suena y volvemos al sueño.

Somos tan idiotas que inventamos el silencio, tratamos de llenarlo, de que entren las conchas y el pedazo de humo, pero no, hemos inventado el silencio para eso mismo, para no entender el presunto indicio de llevar una pausa a su sección habitual.

En el sueño, las lágrimas mojan todos los pies. Mi amiga sale del catafalco y con suaves movimientos, nos crea. Nos anuncia el fin. Somos tan idiotas que por un momento creímos estar despiertos y además, inventando el silencio. Mejor es volarnos la cabeza y creer, que de verdad, vamos a morir.

07 enero 2011

El rincón

Las sensaciones asesinan a los secretos y todos, acurrucados cerca del rincón de los puntos suspensivos, nos preguntamos, eventualmente nos preguntamos. No podemos esperar por siempre, es la solución que hemos acordado. La simplicidad del último acto me hizo pensar en las situaciones que viven los personajes que leen, ellos realmente creen qué nadie los lee.

Los instantes prefiguran las canciones de la radio y la muerte baila en la bocina alterna a la puerta del copiloto. Antes de morir, los secretos empiezan a develar su verdad. La dependencia ocasiona una suma de contraste, pobre secretos, siempre son a los que matan.

Es enero y el tiempo sigue atado. La muerte toma té y nosotros pensamos, siempre nos pensamos. Será justo el instante de aquellos que me crean o es qué mi amiga cree que tú no mereces la pena. Tal vez en el rincón acurrucados, nos preguntemos, siempre nos preguntamos.

Cada una de las partes articuladas que pueden plegarse unas sobre otras

En este instante los gusanos construyen su casa, las hormigas devoran a las hojas y ellas, empiezan a suicidarse. Hace apenas un segundo, una línea atrás, yo no existía, has hecho que mida 177 cm, con ojos marrones y el pelo corto. Has construido a tu asesino. Te mataré mientras lees y en pocas líneas, por detrás, en silencio, mientras siguas pegado a la página. No es una mentira, lo puedes comprobar, voltea, has el intento, en un momento salto de la hoja, con la tinta te estrangularé y así podrás descansar al cerrar el libro.

Y si no pasa todo lo anterior, igual seguiré allí, a la espera que te descuides, cerca de tu cama (como suelen dejarse las mejores historias), tranquilo, todo será como un susurro, igual que el gusano y su casa, las hormigas y las hojas suicidándose.

Los ejercicios de mi amiga

Ella sujeta su sueño y lo ata a la cumbre que el silencio nombra. Maniatado, llora por no ser el sueño de mi amiga. Él quiere ser uno de nosotros, un personaje, una versión que no requiere de toda una verdad. Imagina por un momento que eres tú, que ya no esta apresado, que puede jugara a ser real.

Vive su vida y consulta enciclopedias, viaja, fuma, tiene sexo y al final, ya viejo, quiere ser ese sueño atado de mi amiga, para no morir entre la verdad que el mismo ha imaginado.

Con el sueño amarrado a las orillas de nuestros sueños. Ella vuelve a ejecutar su cambio de panoramas, sueña a la muerte y luego de varias tazas de té, me lleva al instante en el que nace la madrugada, justo allí me ejecutan entre los colores y la pesadilla del sueño.

Al despertar, las líneas me hacen viajar y tú, ni siquiera has podido dormir, pobre, todavía no has entendido.

05 enero 2011

Muzak

Entre todos le atamos las manecillas. Mi amiga le silencio sus engranajes. Fue muy fácil detenerlo, era como si él lo había estado esperando. No puedo decirte cuanto siento que no nos acompañes. De sobra sabrás que sigues soñando. Tu cuenta no es de nuestra importancia y no intentes suicidarte, ya lo hemos intentado y al final, nos despertamos en el sueño de mi amiga y el tic tac sigue sonando de fondo.

01 enero 2011

Otras cuentas

Piensas en estrellarte y al final te das cuenta que no es una buena idea. Me escribes para que conteste y en seguida las letras se devuelven y te insultan a gritos. El silencio lo sabe y sus abismos son pasos mojados que la tarde nos regala. No lo puedes creer y allí, en el momento en que te ríes y preguntas –por qué siempre me pasa a mí. Te dejo en tu sueño y en la desesperación por no contestar.

Las líneas son parte de lo que te hago hacer y ni siquiera te has enterado. Cuentas y vuelves a estrellarte, los mensajes no son la mejor parte del día. El parterre es tu solución. Te revuelcas en él y piensas –no podía estar sin sus pedazos por mi cuerpo. Eres tan idiota que todavía sigues sin saber que he inventado todo.

Al final, luego de un salto y gritos de mi amiga. Sigo en la bañera, con las venas suicidándose.

La muerte y mi amiga

Y no llega la muerte, tal vez siga hablando con Saramago, tal vez mi amiga no puede soñarla.

Entre todos tenemos algo que contarle. Uno no puede estar sin decirle nada a la muerte. Siempre imaginamos por segundos que llega, se sienta, toma té y así varios empiezan a desaparecer, como los sorbos, como azúcar disolviéndose.

De sobra sabemos que no viene, despertamos entre la lluvia y todo cambia. Todo. Ellos lo saben. Y entre las transformaciones radicales de las habitaciones y la desesperación de los llantos, suspiro lentamente mientras otra caja de cigarrillo termina.

El mes inicia la cuenta en contra, los números impares juegan a tener inquilinos y al parecer, las costras riman con contagio. No lo podía creer. Ella vuelve a soñarme, ahora estoy entre los rieles y el tren de la cinco es el próximo.

Y no llega la muerte, tal vez mi amiga no puede soñarla. Ella no quiere llevarme y usted sigue creyendo que realmente todo esto es verdad.