01 enero 2011

La muerte y mi amiga

Y no llega la muerte, tal vez siga hablando con Saramago, tal vez mi amiga no puede soñarla.

Entre todos tenemos algo que contarle. Uno no puede estar sin decirle nada a la muerte. Siempre imaginamos por segundos que llega, se sienta, toma té y así varios empiezan a desaparecer, como los sorbos, como azúcar disolviéndose.

De sobra sabemos que no viene, despertamos entre la lluvia y todo cambia. Todo. Ellos lo saben. Y entre las transformaciones radicales de las habitaciones y la desesperación de los llantos, suspiro lentamente mientras otra caja de cigarrillo termina.

El mes inicia la cuenta en contra, los números impares juegan a tener inquilinos y al parecer, las costras riman con contagio. No lo podía creer. Ella vuelve a soñarme, ahora estoy entre los rieles y el tren de la cinco es el próximo.

Y no llega la muerte, tal vez mi amiga no puede soñarla. Ella no quiere llevarme y usted sigue creyendo que realmente todo esto es verdad.

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