26 enero 2011

La Otra y La Contigua

Revuelvo los estantes y concilio con el polvo; insisto en recuperar el tiempo que las llagas poco a poco me robaron. Resuelvo todo en un solo acto. La catapulta de ideas me sobrevino justo en el instante donde las paredes caen de un lado a otro en la habitación Contigua. Resuelvo la fascinación y permito que esta venga a visitarme en premisa con el dilatado tiempo.

Las palabras eran el eco del siempre, la respuesta da una faculta casi adquirida en la memoria de esos que suelen contar una que otra vez, sin estar en disposición de reembolso. La habitación de este lado era más grande que La Otra, una desatina con la mayoría de las atenciones de sus inquilinos, la siguiente bifurca sus pensamientos y los convierte en el polvo del estante.

Era mayo, el almanaque tenía la fecha que la habitación repite como tamo, dentro de La Contigua existía una continuidad casi inseparable de la desentonación que el mismo desfase hace siempre. Una de las razones carentes de toda lógica, era consignar una preocupación diaria a cada habitación, arrancarnos las llagas, cubrirlas de sal y lanzarlas igual que las preocupaciones.

En cada una de las dos, el reloj tiembla de frío, congela sus manecillas y sus engranajes. Hace añicos su puntualidad y convierte a los instantes en todos los instantes. La señora dueña de La Contigua, era la misma dueña 50 años atrás de La Otra. Ella, en la segunda, podía escuchar a la primera con una capacidad que sobrepasa los años. Las dos, se unen a toda una cadencia de decepcionantes iniciaciones sin marcharse de ninguna.

Revuelvo todo y congrego la mitad de la ceniza que los estantes vienen a darme en esta noche que se vuelve día. Escucho las preocupaciones y de un lado, La Contigua juega a fusilar a sus muebles. Las balas traspasan la pared y congregadas en esa desentonación de tiempo, hacen una cualidad casi inaudita que desde La Otra, no puedo entender. En momentos, las dos revierten el paso y los pisos se convierten en fruta picada; la señora se vuelve joven y con las balas justo al frente de mi cabeza, caigo muerto en La Otra y La Contigua, 50 años atrás.

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