13 enero 2011

La tinta y la invención del dolor

También hemos inventado el dolor. Si lo hemos inventado. Somos tan idiotas que no se nos ocurrió otra cosa, pudiendo inventar los besos o los abrazos, inventamos el dolor. Ponemos la calma antes que a nuestros huesos, recurrimos a comparecer ante su sombra y hemos caído tan bajo, que no obedecemos a los sueños. En fila nos metemos hasta llegar a las lágrimas.

Suena la música triste de fondo, seguimos el compás como si fuera la mejor melodía del mundo. Nos situamos del lado de las notas bajas y con la peste entre nuestras costillas, lamentamos tratar de entender toda la pasión por la taza de té y sus platos.

¿Es realmente tan difícil creer qué no existes y qué además, crees en el dolor que nosotros hemos inventado por idiotas? Resulta una evidencia todo lo anterior. Sigues en el sueño de mi amiga y en la línea armando las palabras, la tinta se seca tras de ti y listo una sombra y listo un nombre y listo estoy yo y listo estas muerto.

No hay comentarios.: