13 enero 2011

Manuscrito hecho en un barco de papel

Voy en el barco surcando el río (igual que en el libro de Conrad), todo es de papel. La diferencia de materiales hace que las líneas sean eternas, llegamos hasta lo imposible del nombre y la incapacidad que tiene el infinito al contarse. No podemos utilizar las pausas, ya no hay el abrigo de los puntos suspensivos y mucho menos la descripción que se hacía entre comillas.

Al cruzar el corazón de las tinieblas, nos invade la misma similitud que a su protagonista y vomitando, me retuerzo entre los asteriscos.

El bosque parece una poción reticulada por la profundidad que la habitación compone. Nos quedamos hasta que todo llega a ser un pistilo, una parte errada de las cayenas.

Desde aquel lado, sigues vomitando barcos de papel. Has alcanzado la destrucción que el tiempo desarrolla. Y desde aquí, puedo oler las cortezas de los árboles y la tierra mojada.

Lamentablemente nada llega hasta el punto de partida. Mi amiga es quien armo el barco, es la que me crea y ella misma me mata.

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