02 febrero 2011

Hoy, he matado a mi amiga I - II -II


I

Es cierto, es algo que me ha pasado. Era lento. La habitación se lleno de todas las comisuras. No se me es posible relatarlo de otra manera. Quiero creer que es verdad.

Hasta hace varias hojas, ella me sueña. Sin lados (ni siquiera del tuyo), recurro a las cantidades menos accidentadas. Ellas son las propias, las que revelan el cambio que los guiones sigues tras de sí.

Dentro del libro, las letras forman todo lo acontecido. Mi imagen de sueño en sueños, se va separando. Es una situación casi perfecta. Es el suspiro al final del último cigarrillo.

Con la ausencia de su bienestar y las fallas por los descansos, he abierto una nueva fase.

La vez anterior, la que realmente recuerdo, juega, sigue el camino marcado por todos los personajes y yo, sentando bajo tus parpados, creando las imágenes que lees lentamente, te sugiero una última versión que ni siquiera esconde su sombra, es la misma que ha matado a mi amiga.

No es nada triste, en algún momento habrá lágrimas, hoy, sigo tratando de explicarte porque no todo lo anterior es cierto y así, hacerte leer hasta la mitad del infinito elevado a la tres.

Hoy, he matado a mi amiga. Y usted sigue con la línea, con las pausas y leyéndome. 


II

Es cierto, ella debe morir. Cae del cielo bajo los signos de mi apellido.  Se encuentra con las espinas y sus almuerzos. Los pétalos le traspasan los sueños y allí, en el momento en que quiere soñarme, las nubes entran en sus ojos, su caída sigue y usted, es igual a ella. Una sección. Una circunstancia que envuelve las cinco líneas y la estrangulan lentamente. Despierto, de verdad, con su cuerpo en letras, cerca de mis manos.


III

Todos recurrimos a buscarla. Era una realidad más palpable que el aire. Usted, ella, yo. Las veces son la mitad del recorrido. No todos podemos ganarles a los gusanos. En consecuencia, el silencio, el mismo que inventamos por idiotas, fue el arma oficial.

Al golpearla, todo se lleno de letras, la tinta parecía una respuesta ocasional. Es cierto, la vi a los ojos, su llanto se parece al recorrido de las hormigas y allí, en el momento del último suspiro, despiertas, con mis recuerdos en tu cabeza, mi amiga en el libro, y yo, yo todavía te sueño.


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