25 febrero 2011

La mitad del infinito elevado a la tres

Era difícil entenderla, ella siempre me lo repetía. La mitad del infinito elevado a la tres, es la misma cantidad que utilizan los suspiros para denominar a cada orgasmo que se encuentran. Ella insistía en que tenía que estudiar física, por más que quise comprender, había algo en sus palabras que no podía definir y así, la tarde se nos pasa lentamente agradable.

Desperté y mi dolor de cabeza era enorme, no había una dirección correcta para explicarme cómo soñé con estas personas, con ese lenguaje y esa estupidez en uno de los personajes, que sin lugar a dudas, carecía de la fuerza necesaria como para ser tomado en serio. Mi abuela encendió la lámpara y me dijo ¿puedo ayudarte? Toma un poco de agua y trata esta vez de respirar lento así dormirás mejor.

De verdad tienes que estudiar física, los productos siempre vienen en los mismos envases que los traumas venden en la orilla de cada filo de navaja, recuerda que sólo son números. No comprendí el dilema, ella suspira, camina de un lugar a otro y en el momento en que me besa, sentí que todo valía la pena y los instantes de pensar y repensar, siempre llegan a su fin.

Era extraño, Paco me despertó, le comentó mi pesadilla, era la de un chico y su abuela. Le decía, te voy a poner esto encima, mi madre lo hacía cada vez que tenía un feo sueño; quédate tranquilo ya no soñarás con números y con ninguno de esas personas. Paco no concebía mi historia, las preguntas nos saltan y siempre el punto de las vidas y los números, eran lo más resaltante. La abuela y el niño sólo son el producto de la transmisión de datos que internamente, mis neuronas iban soltando.

Ella prepara café y la tarde llega a su fin. Siempre que hace eso, escucho una voz interna, alguien me dice – al fondo a la derecha, justo donde las orillas se unen, encontrarás una historia extraña sobre Paco y su esposa esquizofrénica, que tiene 2 años soñando con una abuela y su nieto, ellos tiene una conversación sobre personas y números. El café era muy fuerte, ese día era el ideal para quedarme en su apartamento. Es extraño, ¿piensas que la voz de Paco y su esposa sea un piso limpio sin marcas, listo para derramar agua en él? Tal vez tengas razón y no debas estudiar física.

De verdad Paco, el niño está muy mal, no sé qué hacer, quiero intervenir, él va a morir, su abuela lo sabe, está en el último piso del Hospital del Sur. ¿Recuerdas que allí mismo intervinieron a Tía Sofía justo cuando ya su mente se debatía entre la realidad y las pesadillas? Pero cálmate, toma tu medicina, tal vez mañana puedas ayudarlos.

En el momento en que mi abuela me arropa, le conté que la mitad de todo lo anterior es el mismo resultado que el infinito multiplicado por las enésimas cantidades de reencuentros de las mariposas y sus crisálidas. Mi abuela me hace beber agua y todavía no puedo entender  como la chica puede estar con ese idiota, pero más neurálgico son los números. ¿Por qué la mitad del infinito se eleva a la tres?
La voz insiste en que al final del último capítulo del siempre, encontraré la cantidad exacta en que Paco ha dejado de dormir, me repite una y otra vez que la esposa enferma es la paciente número 10 y lleva 2 años en el piso 5 del Hospital del Sur. Sin duda alguna, te amo, toma café, está bueno, tal vez mañana podamos ir al cine.

Desperté y mi dolor era intenso, la guardia está cerca, una hora más y todo iba a comenzar otra vez. Fumar era parte de la rutina, la terraza es el sitio de fumadores. Llevo 2 años aquí y los pacientes ni siquiera saben que están en él. Lo juro, es verdad, desperté, soñé con la guardia, con la terraza, con los cigarros, con los pacientes, con el piso 5, con todo el Hospital del Sur y su sala de esquizofrénicos, con la abuela y el niño, Paco y su esposa, soñé al chico idiota y la matemática de su novia.

Sigo insistiendo Doctor, que la antigua enfermera, de desquicio en sus 2 últimos años en la sala de esquizofrénicos, nadie la ayudó. Ella siempre me pedía consejos para poder llegar mucho más rápido hacia la capacidad de encontrar esa paciencia con que las tazas de té suponen a sus respectivos platos. Es frustrante verla en ese estado. Así es Doctor.

Lo sé, tal vez no deba escuchar a la voz que escribe, y mucho menos a los ojos que leen. Por  si fuera poco, no debo tratar de entender cada entrelínea que marca toda la mitad del infinito elevado a la tres. Algo se me tiene que ocurrir antes que la aguja se inserte en mi brazo izquierdo; tal vez los párrafos del niño y la abuela, de Paco y su esposa, del chico tonto y  su novia, los pueda mejorar. He pensado en terminar con una conversación de un Doctor y una enfermera, hablando de otra que está en el mismo sitio que todos los anteriores. Tranquilo, se que debe ser antes del martes, saludos.

PD: Cuando tengas el resultado final, responde de inmediato, leerte alivia los pedazos de arena que el tiempo marca lentamente.

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