08 mayo 2011

Sin titulo 5

Viajo por sus ganas, por las mías, por encontrar el punto exacto donde me perdí, por encarecer lentamente la excusa de no suspirar a solas. Viajo y al final, cuando cruce la calle, cuando la vea, cuando sienta el aliento cortado, presumiré que he muerto y en segundos, dilato la huida a sus labios.

Estar seguro, realza la necesidad de presentar a la sombras, una parte menos importante que la razón de las tazas de té y sus platos.

Viajo y sin duda, me llevo la pistola, luego de los besos, al desojar los cartuchos, le pego tres tiros y después, me traspaso la cabeza.

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