20 septiembre 2011

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Las consecuencias iban detrás de cada silencio, los errores enumeran características y así, uno a uno, me sirven el té.

Ella utiliza sus partes como puntos y me enmarca las pausas que todos siguen.

Sí, es cierto, tienes toda la razón. No hay nada que perdonar. No jugamos a las disculpas. Por eso insisto en que realmente no llevas el proceso que los huesos evitan.

Ella es la misma que no lleva situaciones, todas son mías, su aliento es igual a mis suspiros y allí los errores le gritan a las consecuencias mientras el té sigue con cada característica de vestimenta.

No, no podemos seguir. Desde acá contemplo el miedo. Todos gritan y cada surco se le viene y ella me grita desde dentro, me dice, me persuade, me rodea, me invade, me destroza. Otra vez su voz es más alta, el proceso debe seguir, los errores están al tanto de ello y siguen a las consecuencia para degollar a las características que siguen con mi té en sus manos.

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