19 diciembre 2011

Ensayos



Quizás nunca o al voltear del camino
Editorial Litógrafos Asociados 1987
Pablo Duque

Entras a la izquierda, cerca del grifo de agua, mojas tu pañuelo y sigues leyendo.

Así cada poema es una manifestación con lacrimógenas incluidas. Los policías de un lado de la calle y el lector, incorporado en un verso enredado que Vallejo no comprende, encuentra una pausa que marca la calma que nadie quiere.

Los lectores podrán percibir que muchos de los escritos en esta obra, son la causa que el mismo asfalto entiende, sin embargo, al fondo a la derecha, hay varias piedras para romper las pausas ya dichas.

Desde esta caja con colores, las líneas de este libro suplen las de las calles, y nosotros, seguimos en contacto con el pañuelo y el vinagre. El leyente tendrá que agachar la cabeza, esquivar estrofas y de vez en cuando, suspirar un recuerdo que Pablo ha dejado entre una conmoción, que prefiere dar la hora y seguir de frente.

Quizás nunca los guiones han visto una fisura por la cual, el ojo que parpadea, teje los asteriscos que los números entre paréntesis, han marcado para saludar a los que pasan y salir de una, a seguir sorteando cada golpe que los signos de puntuación al voltear del camino, nos dictan un verso corto, que nos enamora lentamente.

El lenguaje que Duque utiliza, es alcanzable y además, es una variada recolección bien utilizada y los ojos que leen, pueden entender de forma fácil y a su vez, asegurar varias cosas a su asiento: un pañuelo (para los gases lacrimógenos), piedras grandes y pequeñas (según el tamaño del blanco), una lata de aerosol (de cualquier color, para escribir versos en una de las paredes contiguas al encantamiento que la misma cadena va soltando) y una botella de agua (para tomar en los trechos largos).

Quizás nunca o al voltear  del camino, es un poemario que se sitúa, en una época donde la fosca hace su conjuro, yace en lo sublime que Pablo suelta y en las entrelíneas que cada página nos regala. No es una contradicción y desde el vaso con cable, que suelta las letras de una tanqueta, el lector tendrá el placer de ver a Duque en una acera, cerca del fondo de la izquierda, escribiendo uno de sus poemas.




Autor: Antonio Ciliberto Pérez
Libro: Reposo sosegado – 1955
Editorial: Grafica Igsa

En 1826 antes de tener éxito, Niepce (precursor de la fotografía) escribió en su diario “cuando creo que todo saldrá bien, sencillamente no ocurre nada, es como si la emulsión estuviera en un sueño y se despierta al ver el sol”.

Ciliberto nos mete en un sueño, no hace viajar por cerros, ríos y además, nos lleva de la mano por la yerba recién cortada. Al asomarnos a las entradas de las cuevas, él suspira y de una estamos sobre las hojas de los árboles.

La tierra parece una mención de honor, entrar en el sueño más profundo es ganársela. Con precisión y despacio, los números nos cuentan las etapas del sueño, que es el mismo que Antonio produce y que todos, poco a poco, sentimos como nuestro.

Pérez acuerda con las partes y nos manda en la excursión de nuestras vidas, en su obra nosotros podemos encontrar versos que para la época son una suerte de escaramuza bien contada. Indicar el espacio es penetrarlo para siempre. El lenguaje se une con nuestra voz y las peculiaridades que nos menciona el autor, se nos regalan como algodón de azúcar.

La montaña nos arropa en las líneas de algunos poemas, de allí que el frío sea una arista de muchos párrafos. Nosotros no podemos entender este libro como una majestuosa iniciación del amanecer, sin embargo, este ejercicio compone una secuela que las páginas pueden contar a los demás que quieran entrar en el sueño de Pérez.

Antonio no es un autor de extensas ligaduras con los movimientos literarios, los une como si fueran merengadas, el lector encontrará una cantidad de rima al viejo estilo y de repente, en unos versos, podrá leer las metáforas que el mismo Pérez ha traducido en estrofas impares.

Al estar en las hojas de los árboles, vemos a Ciliberto enrollando el sedal que da pie para pasar las hojas, una tras otras, como a sabiendas que en el siglo XXI alguien las va a leer. Tampoco es Antonio un autor de imágenes espectaculares, no es un simbolista de pura cepa, sin embargo, las imágenes y los símbolos son parte de su texto. El lector podrá participar, rellenar los óvalos y al finalizar el punto que liquida la hoja, hallar la capacidad del imposible al contarse como polvo.

Luego de varios meses, en ese mismo año, Niepce logra la primera fotografía que se conoce en la historia; él escribe “la emulsión despierta, de verdad, y me cuenta su sueño, ella sabia que estaba soñando”






Obra: Una Década De Silencio
Editorial y año: San Juan De Los Morros 1973
Autor: Dr. Rafael Rigardiz Amaro

“Todo es tan sencillo
cuando la tarde
está en silencio”
Rafael Rigardiz

Jugar parece el declive del Tiempo. Si es que entendemos Tiempo como una consecución de horas y sus incontables vueltas. Si es así, no se debe leer más. Sino, imaginemos por un momento que Arquímedes pudo mover el mundo, ¿y qué? ¿Qué podría haber hecho con ello? Su ingenio no le basto para contener a los romanos en la entrada a Siracusa. La fanfarronada de la palanca que mueve todo, es una excusa en estos días para decir que todo se puede hacer. Creer en ello, es hundirse en las horas y bañarse con las arenas y su engranaje. Una Década De Silencio, nos sitúa en una dimensión que traspasa los años y los arropa como cualquier cobija. Regardiz reacciona y con eco mudo succiona el uso horario, convierte su obra  de versos a la vieja escuela, en una iniciación de lírica moderna o contemporánea.

Los lectores de Rafael, podrán encontrar en su silencio de décadas,  versos bien logrados, imágenes montadas desde lo imaginario de su andar hasta los incalculables suspiros  que los minuteros tejen dentro de sus vueltas. El lenguaje utilizado en este libro es una exquisitez,  los leyentes tendrán el placer de traspasar el cristal del aire y penetrar los años como instantes transformados en todos los instantes.

Estar de vuelta, sentir que el mundo se mueve y por causa de una palanca sin valor alguno, todo se vuelve un caos, no es la mejor opción para pasar el día, sin embargo, en esta obra, los innumerables momentos son de verdad el hecho por el cual muchos de ustedes podrán mover no sólo el mundo, sino, una sensible fibra que de alguna forma muchos entendidos llaman sentimientos. Aquí, es el punto de no retorno que anunciaba Kafka en uno de sus aforismos. En esta obra ese punto sobresale por versos cortos y estrofas bien logradas. Afirmar que es una obra maestra no es trabajo de este ejercicio. Lo real constituye una buena parte de las página que vamos a encontrar, sin embargo lo más contundente es numerar las veces que nos quedaremos perplejos y además, es la causa por la cual, usted, seguirá leyendo sin parar.

Entrar en Siracusa fue tarea fácil para los romanos, Arquímedes y sus inventos no movieron ninguna fibra y sus erráticas tácticas se tallaron lentamente en las paredes de su ciudad. Una Década De Silencio sobreexpone la causa y además, realmente mueve al mundo, sin punto de apoyo ni palanca.




Titulo: Una mirada desde el margen
Autor: Luz Marina Cruz
Editorial: Cuadernos  del ICUM
Impresos Omar 2007

Durante el tiempo de reposo los cuerpos adquieren ese convexo que nadie quiere. Al final, en la orilla paralela de la última estación, sobrevive el tiempo, impregnado de cantos elementales que las cuartillas nos regalan.

El ensayo y su visión, es en sí mismo, un género en el cual hay que profundizar. Cruz lo adopta de tal forma, que lo incluye en su andar y estimula a las letras para formar una plataforma en la cual  hay que caminar. De alguna forma, hay lugares que resultan inútiles sin una clara reflexión.

Desde esa posición, la obra de Luz es una estructura que data de todo su apogeo por varias líneas y párrafos, alimentando sus palabras del conocimiento interno que los libros le proporcionan, además, los lectores de Marina podrán encontrar una suerte de pasos que ella misma clasifica.

Cada ensayo tiene una forma particular de llevarlo, en algunos parece que la autora no se adentra en el tema y lo toma como el título de su libro –al margen­– esto no tiene un peso, el fondo sigue como sedimento del texto, dándole un matiz que las letras muchas veces, desconocen.

A veces presumimos que nuestra visión es la mejor, 20 - 20 es la que dice el oftalmólogo, una visión de aeronauta. La de Cruz, es singular, y tal vez por ello los lectores encontrarán en su obra una serie de vicisitudes por la cual calcular el tiempo se hará fácil. No puedo con este ejerció suponer un tal o cual visión, sin embargo, suponer es la causa que los cuerpos sigan en reposo. Cómo leer a Luz, es la pregunta del millón, nombrar instrucciones podría sonar muy cortaciano, ser dual sería muy a lo cadenas, tal vez al leer, no tengamos que suponer nada, ir en ayunas, ir al encuentro de las hojas cayendo. Este adagio de números es la poderosa razón que adquieren los ensayos de esta autora.

El léxico tratándose de algunos ensayos, es muy suave, se puede leer sin recurrir a un diccionario. El lenguaje utilizado es sencillo y fácil de manejar. La carencia de preguntas es una clara descontinuación. Parece que te explica todo (mal de profesora) y tal vez el único lugar que sus pasos juegan a no ser, son en el tiempo. Se siente que algunos ensayos pudieron escribirse nuevamente, pudieron ser releídos y cambiados, no son esos ensayos que traspasan todo y se sitúan al margen.

Una vez que el cuerpo recupera su movimiento, lo convexo deja de ser una discontinua razón que el mismo Borges llama “el instante de todos los instantes”.




Libro: Los sables de Tas Kungs
Autor: Jánis Kleinbergs
Editorial: Gaisama Editores s.a 1999


Visitamos las mil y una noche con este libro, vemos a las moralejas dando billetes para las anécdota. Todo tiene un inicio y nos envuelve el tiempo de cada conmoción. Tas Kungs revuelve a cada sabio y vive según se van dando las cosas.

En el centro, en el hoyo de todo, se encuentra el lenguaje. La obra carece de una voz técnica, todo es explicado para niños de 5 años y es muy importante. Avanzamos en la construcción de una pericia. Paso a paso todo se va gestando y el todo el tema tiende a ser corto.

La visión de vida que ofrece Jánis es una estructura similar a la de un cuestionario de vida. Las preguntas más importantes (mera percepción) son desglosadas en segundos. La significación social del libro viene dada por sus alcances, puede ser leído desde corta edad hasta el punto más catedrático posible.

Sin embargo el libro no da aspectos referenciales sobre la historia de Tas Kungs o sobre el tiempo de vida del mismo. Hay una desproporción en algunos lugares de espacio, en cuanto a contenido del mismo detalle que el cuento va enredando.

La verdad (según mi ejercicio) es que a Jánis le interesa mucho más la anécdota que la forma. La estructura si se quiere es muy sencilla (léase eso y no simple), tiende a ser muy poético (a la vieja escuela de rima).

Enmarcar esta obra dentro de una pesadilla de genero no es una misión de este escrito, la mejor mención que se le puede dar (otra vez es mi percepción) es tomarlo como concejos viejos, como alunizajes en puntos neurálgicos, es tomarlo como el golpe del cuento, la sorpresa luego de los dos puntos. Y a la vez es tomarlo como no viene dado.



CUADERNOS ICUM (serie: palabra imprescindible)
EN OCASIÓN DE LA AUSENCIA (2006) Víctor Rojas

“Buscando respuesta con preguntas equivocadas”  EKKAIA

Varias preguntas sin contestar, el párpado sin cerrar y los avatares de la tristeza abiertos como si fueran sólo un par; continúan siendo, sin lugar a dudas, las respuestas inauditas que los signos de interrogación, de alguna u otra forma, cierran. Eso nos deja en ocasión con la ausencia.

La obra es tratada bajo el velo de huir hacia la cúspide, sus bases, llenas de decepcionantes misterios, nos atacan entre líneas de preguntas no hechas; en ocasión de la ausencia, las plataformas inauditas, dictan la locura inesperada que nos espera luego de que el alba hace su aparición en hojas blancas, que nos conllevan hacia el suicidio, que las orillas del poema no contado cierran con el círculo inusitado de la locura colectiva.

Dentro de este singular trabajo nos encontramos con un lenguaje fácil de comprender y pensamos en respuestas equivocadas, en preguntas mal formadas; pensamos en rogares, en contestar inútilmente la razón del queso envenenado. Pensamos en amigos muertos, colegas suicidados y nos preguntamos dentro de nuestros catafalcos, siempre nos preguntamos.

Durante cada verso de evocación de la ausencia, el lector encontrará ejercicios convertidos en poemas, una visión diferente y una depuración que nos hace dudar de la melancolía. Por otro lado, las dudas recorren cada kilómetro, las historias las siguen para encontrarse a la muerte en una encrucijada, que luego de que el silencio y el mismo aplauso hagan su aparición, la inhóspita carencia de besos llenarán las esquinas que las vertientes utilizarán para arrancarnos las entrañas, simplemente, nos aplastarán, para dejarnos a un lado, a solas, en lo oscuro, cerca de donde nadie quiere ir; este trabajo nos dejara en el filo que la navaja teje lentamente, en una noche sin luna y sin estrellas; una noche de esas que te hacen temblar al frente del espejo, enfrentando al otro y como Borges, titubear y pedir clemencia.

En ocasión de la ausencia, el Señor Rojas. utiliza fáciles versos para representar ese pequeño frió de montaña con júbilo tembloroso, que nos hace temblar, hasta quedarnos junto con la melancolía y la soledad, justo atrás, desde donde nada comienza.

En ocasión de la ausencia, nos plantea las bases que la tristeza busca, las bases que lentamente nos encadenan al silencioso acto de saberse a solas y olvidado. Nos plantea unos picos que apuntan directo a una falsa esperanza de estrella, de inocencia.




CUADERNOS ICUM (serie: palabra imprescindible)
ME MANTENGO EN REBELIÓN MIENTRAS DUERMO (2006) Jaime Ramos, Nace en San Antonio de Capayacuar  - 1976, Edo. Monagas


Buena parte de la pasión es consumida por el fuego; el humo viene a darnos un instante menos seguido del que las chispas quieren; mientras dormimos, la guerra entre la brasa se desarrolla lentamente como esperando que algún sueño se asome y la someta a la fuerza. Una especie de metáfora aflora de las páginas y Jaime Ramos nos lo dice lentamente.

Así, esta serie de poemas de forma de sueños hervidos, es la rebelión que Jorge no sigue, es la misma que ingenuamente, la cúspide bota por sorpresa, sin embargo, que extraño es la noche con las estrellas cerca de donde uno pueda tocarlas, cerca de donde algún padre con las luces apagadas pueda dar las buenas noches, cerca de las lágrimas y aún más cerca de donde nadie pueda observar, que sea la única persona en ese momento tan peculiar que pueda verlas.

            Así, bajo el cobijo que la montaña y su eco nos brinda, encontramos un lenguaje fresco, una diversidad de versos donde además, encontramos la solución perfecta a las preguntas divagadas y sin el titulo resuelto que las orillas de las hojas vienen a darnos, olvidamos que algunos poemas terminaron luego del punto final. Una flecha se escapa y la rebelión en contra comienza sin la tregua del respeto, sin la marcha lenta que nos suele anunciar las postrimerías del enemigo, que nos suele anunciar una validez casi inexorable bajo el velo oficial de algún parpado que se queda arriba por segundos.

Me mantengo en rebelión mientras duermo, renace y a pesar de ser pocas las palabras en algunos poemas, los abrazos a secas de esta obra son sin duda lo que más nos llena. El lector encontrara entre cada signo de admiración una coma que divaga de un lado a otro y que hace de pausa para que nuestros ojos se alimente lentamente sin cansarse.

            Esta obra sorprende y a la vez no; la sencillez nos sorprende; Me mantengo en rebelión mientras duermo y seguiremos con la búsqueda que la felicidad nos oculta. Afuera de cada palabra que este pequeño trabajo nos trae, no seremos los mismos luego de leer (para bien o para mal) no seremos los mismos que éramos mientras la matanza se lleva a cabo.

Me mantengo en rebelión mientras duermo, es igual a la serpiente de San Antonio que viene a darnos ordenes, nos ordena a seguir a la pasión, a buscar como niños una palabra que no se derrame por alguna grieta, por algún mensaje de esos que las palomas siempre traen, de esos, que son tan fieles a sus locuras que no dirán nada. Esos mensajes vierten una idea tan nutrida que no dicen mucho en el complejo signo que su silencio compone como un párrafo cualquiera y que no se atreve a divulgar una palabra más.





La significación histórica de la cuentística de Julián Padrón

Una aproximación ética me lleva más allá de las páginas, ese acercamiento integral que se tiene sobre una tendencia y más sobre un género, que dice: que una montaña son todas las montañas, que un hombre son todos los hombres y que la naturaleza es en sí misma, todas las naturalezas. Schopenhauer 1884.
                                                   
Padrón tal vez no leyó ese párrafo metafísico, sin embargo ¿Era padrón un ciego costumbrista que escribía para escribir? ¿Su entorno es un entorno específico y no uno cualquiera? El monaguense salta todo lo anterior y recorre sus cuentos, mientras cualquier lector los lee (ya sea un famoso catedrático o un vendedor en un mercado) detenidamente; el nunca pudo imaginar quién lo leería; los libros no escogen a sus lectores y mucho menos a su críticos.

1939 – 45;  Es la segunda guerra mundial y cualquiera puede pensar que de este lado del Atlántico, en esta América del sur, estamos a salvo; es más, ni siquiera nos sorprende, ni nos importa; a ese montañés que encontramos en un abogado citadino de la Caracas de mitad del siglo XX ¿Realmente no le importaba la Guerra? Los cuentos de Padrón tal vez no relaten tal acontecimiento, ni mucho menos, saltan balas de sus páginas, y es en ese momento nos volvemos a preguntar ¿La realidad padroniana era una realidad global?

Padrón editaba a bajo costo y por mucho que las entrelíneas hagan otra historia, los anteojos invisibles de algunos lectores no podrán observar que su influencia más grande viene de Europa y tal vez, la influencia que el mismo deja a entrever, será una a seguir por varias generaciones.

Visualizamos los hechos históricos como grandes hechos y olvidamos los puntos que sobresalen por ciertas rendijas en algunas localidades (que tal vez, no sea Londres ni mucho menos Paris) montañesas ¿Qué de importante tiene para un lector del siglo XXI  la historia de un cualquiera que se quema lentamente mientras el verano avanza sin contemplación por su cuerpo? O ¿Un negro de una isla que se escapa para relucir su tez en un pueblo ceñido a un cerro? En esta generación la modernidad abraza al tiempo, es más importante un edificio en Dubai que un singular centenario; si la historia y los hechos históricos nos pueden ayudar a construir una pared que hoy en día se mantiene como una muralla, entonces por qué ignoramos que una montaña son todas las montañas, que un recolector de café en San      Antonio, se parece enormemente a muchos montañeses latinoamericanos (colombianos o bolivianos)

Palpamos como imposible que un hito histórico sobreviva con las capacidades exactas que en su época tuvo y allí, Julián pega un grito y nos dice que ahora mismo, un pirata en Nueva Esparta sigue siendo un pirata (ya sea con tabacos, alcohol o drogas). La historia sobrevive por los pulsos que las letras imponen.

Si Benjamín Franklin, hubiera nacido mujer, tal vez la cometa no sea tan famosa en estos días y mucho menos hubiera fundado una nación de inventores y su caso pasaría desapercibido por cualquier historiador; Eduardo Galeano es su libro Memoria del fuego, nos dice “una de las 16 hermanas de Benjamín, se le parecía en ingenio y carácter, ella crió  hijos, nietos y cuido a su padres hasta el final de sus días” ella, es ignorada y Benjamín, es reconocido y puesto en puntos suspensivos que nos llegan en páginas históricas actualmente por la Internet.

Así mismo, confiamos en que tal vez, si un libro se vende mucho, éste será uno histórico y sobrevivirá a los cambios que el tiempo le tenga pautado ¿Será verdad un caballo de Troya? Homero nos cuenta una fantástica narración que nos lleva de un país a otro, de un hecho de sangre a otro, de un abanico por los dioses a las carnosas pasiones que los hombres llevan consigo; al arco de París y el talón de Aquiles y sin más, nos adentramos en todas las páginas y nos envuelve el tiempo hasta encontramos metidos en el caballo directo para entrar y ser dueños de la ciudad.

Padrón no es un caballo de Troya, sus cuentos constituyen pasajes puntuales de la historia venezolana y monaguense. En el prólogo de sus Obras Completas (Aguilar 1957) Mariano Picón Salas traduce que al monaguense se le acabó el tiempo muy rápido; sin contradecir al prólogo, Padrón tal vez no tuvo las horas necesarias, sin embargo, sus años y sus obra cuentan otra cosa, sus cuentos, detallan una realidad sacada desde las cáscaras de los granos de café, una historia jugosa y muy dada al color que la tierra nos regala.

Se nos cae el cielo y la cara de María es de una cualquiera que visita la isla de Acarigua; se nos caen las palabras y Marta anuncia su entrañable voz de eco mudo; se nos cae la piel y Lázaro se burla de nosotros; todo se cae por su propio peso, dice un refrán popular, sin embargo, la historia también se cae y todos nuestros pedazos con ella; ignoramos todo y Ortega y Gasset nos menciona que el hombre es él, su entorno y circunstancia.

Julián y su cuentística no dilatan en el tiempo, lo proponen como una trascurrida avenida, que sin duda, vuelve en momentos en que el orden se reemplaza libremente como un suspiro cualquiera, en la boca del negro Gertrudis. En las candelas, las velas sufren los dobles de las campanas, las hormigas siguen su camino y el eco de la montaña, vuelve a entender que su paso sigue con la bruma.

Los intelectuales (para no decir críticos) han reconocido que Padrón no es telúrico, que en sus historias la palabra pueblo, es una palabra pasada de moda. Imaginemos por algún momento sentados en cualquier lugar (sea un banco de una plaza, o en un refugio para bombas de letras), leer un cuento de Julián, desde allí, experimentar que Mano Blanca te puede llevar de un lugar a otro y salvarte de ser mancado por los señores jueces de las editoriales venezolanas, seria una suerte que ninguna trepadora podrá conseguir.

Un personaje padroniano, es uno que puede encontrase en una cera de Monagas o en la Paz; alguna de sus anécdotas, en un tribunal de Caracas o en la tradición que pasa de generación en generación en una familia monaguense. La significación histórica, no la podemos encontrar en un ejemplar de alguna enciclopedia venezolana, que con singular atención, sufre de un daño colectivo por todos sus innumerables correctores, que sin duda, son los que más saben del tema. Nosotros, los que por provincia podemos hojear a nuestro coterráneo, sólo podemos insinuar, una parte de lo que puede ser verdad, por supuesto, con una que otra corrección de nuestros editores estrellas.

La carencia de argumentos en esta época y vista desde algún lector que no sobrepasa las tres décadas, es la singular atención que en Obras Completas de Julián Padrón no sobre sale;  una buena porción de esa carencia, es simulada por los testigos que nuestros números pueden contar. Decir en este instante que una trama carece de hechos para ser global y no ser tildada de una estupida historia de un tipo, que sin querer, parte el vidrio, presiona el botón, llama a la reflexión y por si fuera poco, nos da en la cara, para decirnos, yo escribiendo de esto tan popular, tendré una exigencia histórica mayor a la de un nudo y una conclusión, al propio estilo de Quiroga.

Y si no he podido detallar y explicar con una peripecia que los niños globales puedan entender, definamos significación histórica y antes de ir a eso, un ejemplo muy local, un tal señor Pedro Páramo vive en Comala – México, habla con ardor de esas tierras, sueña su muerte al mejor estilo de una noche en el desierto y por supuesto, este tal Pedro, es un tipo local, no llega a ser global ni por instantes, ni que lo haya escrito Juan Rulfo. Así, un hecho enorme reconocido en el mundo entero, es significativo, mientras que un asterisco contado desde tierras provincianas, es una simple explicación del folclor de esas tierras; que haya una guerra, es de una importancia tal, que mil libros no bastan; que un hombre cuente, con voz de eco de montaña, que un pueblo pegado al cerro, unos tantos viven de una manera que se ha extendido desde la época que Julián pudo verlo, hasta el instante en que los ojos de este escribiente, lo han constatado, en una hacienda de café al norte del estado Monagas ¿es simplemente, costumbrista?


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