10 febrero 2013

Para el cenal (Centro Nacional del Libro)

Para el cenal (Centro Nacional del Libro) (con respecto al premio que recibio pezdeplata en el 2011) (el texto sale en el catalógo de los premiados)
Las clausulas siguen todas las líneas y la capacidad de lo imposible llega en cuatro páginas, dentro, una sustancia enriquecedora que hilacha los sentidos y los convierte en esa esencia que poco a poco los lectores prefiguran desde un inicio; la escandalosa presencia de un pez sin el salitre peculiar, deja a cada hoja un efecto único y, además, engendran un pequeño sueño que los ojos leen y suelen quedar intactos; la sección que nadie toca, ese concepto, hace que pezdeplata sea la características del domingo. Dentro, una vacilación imposible de encontrar en el aire, una peculiar manera de hacer que la literatura sea más didáctica, menos elitista y por supuesto una singular forma de contar una secuencia de secciones que las propias clausulas suelen exceder a sus características y hacer de una sinopsis, una sencilla paráfrasis que gana espacios, sin más, que su sincera propuesta.

Pájaros negros

La concepción inútil de entender derrama frágilmente, todas las lucubraciones que se pueden tener sobre el arte. La capacidad innata de los signos y por mega-elocuencia, resulta el pesado alivio. La lava derrumba y pervierte, bajo toda estructura que pretende encerrar una dinámica, existe ya un germen de ruptura, tenemos menos capacidad para organizar esta, que para vivir, vivir es urgente. Por eso la lava de la creación desarrolla dentro de la sociedad la realidad que no escapa a imágenes. La infancia, los zombis traga todo, los demenciales barrotes son en esencia, un cúmulo de necesidades para los servicios, para todo lo que resulta tan, tan evidente que vivir con lava, es lo que los pájaros negros requieren. Es necesario resistir a la lava, al magma, a toda la materia de ebullición y claro a los personajes que a diario, vemos en todas las esquinas, hijos de vecinos, lugares comunes, llegaderos y porque no, emergentes de lo social que salen como la lava y pervierte todo lo ordenado dentro y fuera de lo que ya tenemos como evaluación técnica y ordenanza de ciudad y de vida. La materia es más lúcida que el color, de esta manera lo amorfo cercenado de la realidad, todo lo superfluo que la impide trascenderse, supera la inmediatez de la materia, como medio de expresión, haciéndola no instrumento ejecutor, pero sí médium actuante que se vuelve estallido, señal, no intermitente sino, una de esas que los pájaros negros sueltan al volar